sábado, 8 de marzo de 2014

HOLA Gerardo, y a todos mis estudiantes.
 Si desean comunicarse conmigo pueden hacerlo a la siguiente dirección
lauraelenamoralesg@gmail.com

viernes, 18 de octubre de 2013

He aquí las normas Apa


He aquí las normas apa

Hola chicos. He aquí las normas Apa, como les prometí. Recuerden emplearlas en la redacción de la ponencia. Nos vemos en clases.

viernes, 5 de julio de 2013

Y cuando menos lo esperas...

Luego de más de un año, regreso a escribir en este blog ¿El motivo? Un comentario de alguien que me agradece el haber encontrado este blog que le pareció inspirador para ayudar a su esposo; quien, al parecer, pasa por momentos difíciles. Este comentario me ha hecho reflexionar de nuevo acerca de una frase que escuché una vez de uno de mis maestros espirituales, el cual parece que no había entendido bien hasta hoy. Él decía a sus discípulos: "Recibe las dificultades y los dolores de tu vida con alegría, míralos como una oportunidad, una bendición que te permitirá despertar y contribuir a que la humanidad despierte".
No digo con esto que debamos convertirnos en masoquistas, pero sí tener en cuenta que lo que llamamos "malo" no es más que un juicio que hacemos desde lo emocional, pues no hacemos proyecciones, desde la razón, de cuáles podrían ser sus repercusiones reales. Leí de nuevo el "post" publicado aquí, el cual titulé "Cuando Dios cierra una puerta...", confieso que dos lágrimas se asomaron a mis ojos, pero esta vez no fueron de dolor ni vergüenza, sino de amor, de agradecimiento. Ahora puedo confesar aquí, sin temor a equivocarme, Maestro, que entiendo a qué se refería. También, comprendo ahora por qué venimos a este mundo. Y es que la mente universal, que contiene toda posibilidad, no evoluciona hasta que no vive el detalle de cada uno de las posibilidades que posee. Es algo así como no saber qué y quién se es hasta que no se compara o se mide con algo o alguien en la práctica. Así que la idea, el logos, el verbo se hace carne. De allí nace cada cosa, cada experiencia, sea cual sea.


miércoles, 19 de septiembre de 2012


LAS NUEVAS NORMAS DE LA RAE
Chicos, esta información la he tomado de InfoCiudadano para ustedes. Por favor, léanla con detenimiento y hablamos en clase

La Real Academia Española (RAE), publicó recientemente sus nuevas obras sobre Gramática y Ortografía, en las cuales se plasman todos los cambios que habían circulado por diferentes medios y, podría decirse, que los mismos eran más que todo una especie de rumores y especulaciones. Cabe destacar, que varias de esas transformaciones han sido objeto de rechazo por buena parte de la población hispanohablante. Muchos, alegan que aún no se han aprendido una norma, cuando ya la RAE decide cambiarla y otros, categóricamente opinan que harán caso omiso a estas reglas.
Sin embargo, la realidad es que tanto la ortografía como la gramática, poseen una importancia esencial y su correcto dominio está relacionado con la buena imagen social y profesional de quienes las dominan y, por el contrario, se censura de alguna forma, a las personas que no poseen una correcta comunicación escrita.
Por consiguiente, si usted no quiere pertenecer al grupo de quienes cometen faltas ortográficas, conozca y ponga en práctica las nuevas normas de la RAE, algunas de las más notables se detallan a continuación:
Definitivamente, las letras “ch” y “ll”, quedan fuera del alfabeto en español. Serán dígrafos, tal como la “rr”. Este cambio consiste en reducir el alfabeto, debido a que estas letras son combinaciones de otras que ya están incluidas en el abecedario.
La “y” griega se llamará (ye), v (uve) y w (uve doble). Debemos perder la costumbre de señalar a la b, como larga, grande o alta, tampoco de “Bolívar” o peor, “de burro”. Nunca más debemos decir v corta, chiquita, pequeña o “v de Venezuela” y menos “de vaca”. Aunque en el caso de la w, la RAE sugiere “uve doble”, cuando nosotros la llamamos doble v. El nombre uve se origina para distinguir oralmente la b de la v, pues se pronuncian de la misma forma en nuestro idioma. Al decir uve (v), nunca se confundirá con la b (be), de allí la justificación para este cambio. En el caso de la y, es preferible el sonido ye y no “y griega”, por ser más sencillo de expresar y diferenciarse totalmente de la vocal i, llamada comúnmente i latina o i de iglesia.
La conjunción disyuntiva “o” se escribirá siempre sin tilde. Aunque muchos insistan (todavía) en colocarle la tilde (ó) en la escritura corriente, únicamente se utilizaba en este caso: 5 ó 6 para diferenciarla del número 506. Es decir, evitar la confusión entre la letra o y el cero (0). Este uso diacrítico ya no tiene excusa; porque hoy en día, gracias a la utilización de los computadores, la conjunción “o” se diferencia visible y notoriamente del 0, según el alegato de la RAE. Lo adecuado será; 5 o 6.
La supresión del acento ortográfico en el adverbio solo y los pronombres este, ese y aquel. Su uso no estará justificado, ni siquiera en caso de ambigüedad. Ej. Voy solo al cine a ver películas de terror (“solamente”) o, Voy solo al cine a ver películas de terror (“solo, sin compañía”). Por consiguiente, a partir de ahora podrá prescindirse de la tilde en estos casos, incluso en caso de doble interpretación, pues cabe colocar perfectamente sinónimos (solamente o únicamente, en el caso del adverbio solo). Ej. Voy únicamente (o solamente) al cine a ver películas de terror.
En el caso de las palabras “guion”, “hui”, “Sion”, “truhan” o “fie”, deben escribirse obligatoriamente sin tilde, (lo contrario será una falta de ortografía).
Los términos genéricos que se anteponen a nombres propios se escribirán en minúscula:
golfo de Venezuela, península de Araya, islas Galápagos, etc.
No será correcto escribir “piercing, catering, sexy, judo o manager” (es decir: piercing, catering, sexy), si no se hace en cursiva o entre comillas, para remarcar su origen extranjero, como es la norma para este tipo de vocablos. Solo pueden escribirse sin cursiva, la forma adaptada al idioma español de estas palabras: pirsin, cáterin, sexi, yudo y mánayer. Otros ejemplos: smoking > esmoquin; camping > campin; bricolage > bricolaje, entre otros.
Los prefijos “ex”, “anti” y pro” ya no estarán separadas de la palabra que los precede. Ej. “Provida, expresidente, anticonstitucional”. Tradicionalmente “ex”, “anti” y pro”, debían escribirse separados de la palabra que las precedía, pero ahora se irán unidos, como el caso de “exesposa” y “provida”.
Por lo tanto, no existen ex presidentes ni ex maridos, etc., pasaron a ser “expresidentes” y “exmaridos” (junto, no separado). Únicamente las expresiones compuestas como; alto comisionado, capitán general, podrán utilizar los prefijos “ex” y “pro” en forma separada. Ej. Ex alto comisionado, ex capitán general, pro derechos humanos, etcétera.
Igualmente varían las grafías de quórum por “cuórum”, Qatar será Catar, Iraq por Irak y Tchaikovski pasará a escribirse Chaikovski.
Ya no se escribirá “Papa” con letra inicial mayúscula, para hablar de la máxima autoridad de la Iglesia Católica, sino “papa”, con minúscula. Pueden escribirse en mayúscula solo, aunque no obligada, cuando no van seguidos del nombre propio: “La recepción a Su Santidad será en el palacio arzobispal”. Sin embargo, es obligada la minúscula, en este caso: “Esperamos la visita de su santidad Benedicto XVI”.
Igualmente, se evitará la mayúscula inicial en “don”, “doña”, “fray”, “santo”, “san”, “excelencia”, “señoría”, “sor”, “vuestra merced”, aunque se admite la mayúscula inicial en los tratamientos protocolarios de las más altas dignidades (su santidad, su majestad, su excelencia).
Por el contrario, los personajes de ficción irán siempre con mayúscula inicial (Aureliano Buendía, Harry Potter, Mafalda) y también lo harán aquellos formados por nombres comunes: “Caperucita Roja”, “el Gato con Botas”, la “Cucarachita Martínez”.
Y por si no lo sabía, el vocablo güisqui es la grafía correcta actual en español equivalente a la palabra inglesa whisky o whiskey, pero la RAE propone que se escriba: wiski.
Ahora, solo nos resta aceptar y practicar estos cambios implementados por la máxima autoridad en el tema o ¿será un poco complicado acostumbrarse?
En Twitter

jueves, 3 de mayo de 2012


 He aquí un artículo que encontré y que nos servirá de referencia para crear una ponencia




sábado, 5 de junio de 2010

Cuando Dios te cierra una puerta es porque, en alguna otra parte, ya te ha abierto 10 ventanas



Eran las 6:30 de la mañana cuando sonó mi despertador. ¡Qué lata! suena el despertador un sábado en la mañana, cuando no tengo que levantarme temprano.
-Total, no debo ir a trabajar- pensé.
Luego, caí en un estado de profunda depresión. Recordé que, no sólo había perdido mi casa, me había quedado sola, durmiendo en el piso en un colchón prestado, en casa de la suegra de la única hermana que me queda, sino que, para colmos, había perdido mi empleo.
Confieso que estaba asustada, aún lo estoy. No tenía dinero ni dónde ir. Todo cuanto me había proporcionado seguridad física se había esfumado.
-¿Y ahora qué?- pregunté a mi Ser.
-Tú puedes sobrevivir sin alimentarte de la cadena de intercambio que nos hemos impuesto mientras somos humanos, no necesitas vestir ni cuidar de este vehículo de carbono que pide abrigo, que es tan frágil ante cualquier ataque y que necesita resguardo para producir eso que llamamos sueño para que tú puedas salir de él, liberarte, ser tú. No necesitas de mí para sobrevivir. Sé que para ti soy un vehículo para asistir a la escuela, como un uniforme, pero ¿Cómo te responderé ahora?
Iba a romper en llanto cuando sonó mi teléfono.
-Hola cielo...
- ¿Quién habla?
- ¿Ya me olvidaste?
-¡Dios!, Oswaldo.
Un amigo muy querido, con quien tenía más de dos meses sin comunicarme
-Cielo, perdona que te moleste tan temprano, pero....
-No, al contrario, has caído del mismo cielo para mí. De veras que eres mi ángel de la guarda hoy.
-¿Qué te sucede?
-Ayer me quedé sin empleo
Hizo un breve silencio, como si estuviese buscando una rápida solución, y contestó:
-No te preocupes, hoy mismo hablo con el gerente de la empresa con la que estoy trabajando. Quiero que me envíes tu curriculum.
-¿Dónde estás?- pregunté
-En Margarita, respodió.
Margarita es una isla ubicada en el extremo oriente de mi país, mientras yo vivo en Maracaibo, que queda en el extremo occidental. Realmente, como decimos por acá, estábamos "de polo a polo". Bueno, estoy consciente que no se trata de Rusia, pero el viaje de mi ciudad a la isla implicaba para mí un mínimo de 6 horas y media en avión, incluyendo las dos paradas que debía realizar o un viaje de 24 horas por carretera. En ambos casos implicaba dinero que yo no tenía.
Al principio, me pareció maravilloso, por cuanto la isla es hermosa, además, no tenía nada que perder y mucho por ganar.
Cuando comencé a consultar precios, mi ánimo se desinfló, perdí la calma. Estaba a punto de hundirme en uno de esos temibles hoyos negros emocionales en los que las personas nos perdemos hasta paralizarnos, cuando se me ocurrió consultar por internet alguna otra posibilidad.
Instantáneamente se abrió mi bandeja de correos, donde encontré un hermoso mensaje. Venía del administrador de un grupo de amigos, con el que estuve intercambiando información acerca de brindar apoyo a las personas que han perdido a algún ser amado, sea por divorcios, separaciones o por lo que llamamos muerte.

El mensaje decía, entre otras cosas: "no te olvidamos" y me recordaba que en algunas oportunidades yo había enviado mensajes de aliento a otras personas que lo habían necesitado. Me agradecían, grandemente, el haber estado allí para ellos.
Sonreí con lágrimas en mis ojos. Ahora me tocaba a mí. Su mensaje me devolvió la calma y el marasmo de mi mente comenzó a aquietarse.
Me dispuse a escribir y llamar a todo aquel que se me ocurría me podía ayudar a encontrar un empleo en Maracaibo o algún dinero para ir a Margarita.
Entretanto, estaba sobreviviendo con la ayuda que recibía de mi cuñado y mi hermana, él no sólo me había abierto las puertas de la casa de su madre, sino que se eximieron de tener intimidad durante más de seis meses, pues yo debía dormir en la misma habitación. Ellos sabían que yo no tenía más opción en ese momento.
Estaba recibiendo tanto amor de los demás, llamadas, propuestas; en fin, cada cual me asomaba posibilidades a su alcance. Y esa misma mañana descubrí que, si Dios y yo nos habíamos puesto semejante prueba, era para hacerme comprender, en carne propia, lo que significa el amor incondicional.
Como quien dice había hablado demasiado de él, en muchas ocasiones había pedido ser ese amor incondicional en este mundo, pero no se me ocurrió que debía vivirlo, no pensarlo solamente.
Ese amor del que tanto había leído, del que tanto había querido dar para saber lo que en verdad era, se me había devuelto. No se puede saber lo que es amor incondicional si no se está consciente de cuando se recibe, pues es entonces cuando una lo reconoce y puede sentir, puede comparar, hasta descubrirlo, verdaderamente, dentro del propio corazón.
Aún sigo asustada, pues, hasta el momento de escribir y compartir esta historia, no he encontrado un empleo, ni alguna otra forma de producir dinero, pero he ganado una grande y maravillosa lección, estoy aprendiendo a reconocer el amor incondicional.
Tal vez, si no hubiese pasado por todas las "pérdidas" por las que he tenido que pasar en menos de seis meses, seguiría teorizando al respecto, aplicando fórmulas y palabras para recomendárselas a otros, pero ¿las hubiese internalizado como lo estoy haciendo ahora?.
Honestamente, creo que no.
Sé que saldré de todo esto, y sé que lo haré con una gran fortaleza. Sé que tengo miedo, lo siento en el latido de mis sienes, en el crepitar de mi corazón y en ese desagradable hueco que se siente en el plexo solar cuando se tiene una gran angustia. Ahora, en vez de recharzar todas estas sensaciones, me dispongo a sentirlas, a observarlas, a tratar de ver con mi ojo interno dónde están y por qué tipo de energía son generadas.
Ahora tengo una gran ventaja sobre todas estas sensaciones, las conozco y, porque las conozco ya no les temo, ya no me paralizan ni me producen esas ganas de extinguirme.
Sé que saldré adelante con mucho más de lo que perdí, pues son cosas, enlaces y emociones que debo dejar atrás y lo estoy haciendo.
Ahora le pido a Dios que me indique a dónde me toca ir, pues ya entendí que soy un destornillador a su entero servicio. Donde llego lo hago para desarticular cosas viejas, objetos, acciones y actitudes que deben irse. Como diría mi amigo el astrólogo: soy un instrumento inquieto de Plutón frente al estable y férreo Saturno.
Bien, Señor Dios Padre-Madre, Yo Soy Laura y aquí estoy.
Gracias a todas aquellas personas que me han estado ayudando a descubir mis nuevas 10 ventanas.
**Las imágenes incluidas en esta entrega fueron tomadas de Foto e Parole

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Lo que aprendí de mi amigo Pancho

A veces creemos que nuestros maestros vienen en esas estampitas santificadas por el Vaticano, o por cualquier autoridad máxima de nuestras religiones.
En más de una ocasión descalificamos a nuestros grandes maestros porque no concuerdan con el ideal de lo que se nos ha enseñado acerca de ser santo, maestro o como quieras llamarle.
Esto lo descubrí, en teoría, hace mucho tiempo, cuando leí, no recuerdo dónde, la historia de un singular Maestro oriental. Este sabio tenía a su cargo un número de discípulos y entre ellos uno muy desordenado, que jamás cumplía con las tareas.
No hacía meditación, no seguía las instrucciones, en fin, todo lo hacía como se suponía no se debía hacer.
Una tarde se le acercó el mejor de sus discípulos, el más brillante, aquel que, a todas vistas, sería su sucesor y, aunque dudó, finalmente preguntó:
-Maestro, si es tan desordenado y no hace nada bien, ¿por qué continúa como su discípulo?
El Maestro sonrío, miró al cielo y dijo:
-Aunque ahora te parezca mentira él es el mejor de los maestros entre todos nosotros, pues nos permite ver el cómo no se deben hacer las cosas, además es auténtico y lo hace de todo corazón. Es su propia búsqueda, no me sigue a mí, tampoco mis palabras, pero sigue a su propio corazón. Tal vez nos parezca equivocado algunas veces, mas nos ha enseñado tanto de sí, que si se marchara recorrería el mundo entero para rogarle que volviese junto a nosotros.
El discípulo, un tanto confuso aún, bajó la cabeza y tímidamente acotó:
- Gracias Maestro, meditaré en sus palabras.
Cuando conocí a mi amigo Pancho recordé esta vieja historia.
Él era un maestro, no porque enseñara cómo hacer las cosas. No, para nada, era un maestro porque se había permitido vivir lo que viniese y como viniese. Es más, se había dado el permiso de buscar eso que llamamos aventura y, sin pensarlo mucho, seguirla hasta donde le llevara cada experiencia.
Me lo dijo esa mañana, no sé con qué grado de consciencia, ¡qué importa eso ahora!
-Yo soy tu maestro
Le miré algo asombrada.
Él siempre provocó en mí una extraña mezcla de sentimientos, por un lado quería abrazarle, era alguien gritando “ámenme”, o “quiero alguien que cuide de mí”, “soy frágil con un delicado corazón”; por otro lado, sentía que era alguien en quien podía refugiarme, como cuando era niña y, buscando un poco de afecto, abrazaba un osito de peluche que tuve por muchos años.
Pancho era tosco, sin duda un “reptiliano”, pero entre tanta aspereza en palabras y gestos, se escondía un gran corazón.
Esa tarde me sentía mal, golpeada, humillada como decíamos en mi grupo en la máxima de las bajas, por supuesto eso significaba que mi vibración estaba muy baja, muy densa y necesitaba ayuda, mucha luz. Pancho no sabía nada de ello, apenas nos habíamos conocido un par de días antes. No obstante, por esas causalidades de la vida, al enviar el mensaje desde mi celular, Pancho se me coló, aún no sé cómo pero sucedió. Recibió mi mensaje y, para mi gran sorpresa, su llamada llegó unos cinco minutos después de mi s.o.s. Fue el primero en contestar.
Me sentí avergonzada, no sabía qué decir, ni cómo explicarme. Al final descargué mi tristeza en él. Fue entonces cuando comprendí por qué se autodenominó mi maestro.
_sé elástica, dijo.
-Cede, no importa cuánto, solamente cede y verás qué bien funciona.
Nunca olvido su gesto, desde entonces guardo por él un gran aprecio, pues sé que él es mi amigo y lo será por siempre, no importa lo que pase y a dónde la vida nos lleve, Pancho es mi amigo y mi maestro.
Unos días antes estuvo contándome acerca de su vida, había vivido siempre a su manera, me habló de sus múltiples experiencias en la vida. Había hecho de todo, había pasado por mucho. Había visto y experimentado más de lo que yo había imaginado en toda mi vida.
Era un aventurero, había bebido, parrandeado, había tenido muchos amores y se había dado el lujo de vivir estados alterados de conciencia de la mano de verdaderos maestros, siempre a su manera. Parecía que Pancho era aquel discípulo que enseñaba como no se debe experimentar la ascensión, pero no era cierto.
Descubrí que en sus toscos gestos había tanto amor por la vida, por la gente, por las cosas en general, como sólo un auténtico maestro podía sentir. Estando cerca de él, en apenas unos cuantos días, comprendí que no se puede vivir sólo de palabras, de teorías o de maneras preconcebidas para hacer las cosas. Simplemente hay que hacerlas y aceptarlas como vienen, dejarse llevar y estar atentos. Es la única manera de conocernos, de saber de qué y hasta dónde somos capaces de vivir sin temor, sin vergüenza, sólo vivir, como el viejo Zorba, el griego que remontaba mares y, sin importar lo que sucediese, en medio de una cruenta guerra, se subía a los tejados a bailar y a disfrutar de la brisa, a vivir el momento sin prejuicios, sin detenerse por un mañana o un ayer que no existen. Se trata de sólo vivir cada instante, experimentarlo, saborearlo como si fuese el único, porque de veras es así, único.
Pancho me había puesto de nuevo frente a toda la creación, mi creación, lo que hiciera o dejara de hacer con ella era sólo un asunto mío.
Me había enfrentado a la realidad que parecía haber olvidado. Mi problema con mis hermanas era sólo mi reflejo. Lo que criticaba en ellas no era más que lo que estaba en mí.
Muy a su manera, Pancho me estaba diciendo que mi mirada se había equivocado, pues estaba buscando afuera lo que estaba dentro de mí. No había a nadie a quien culpar. Ahora me tocaba aprender a asumir mi propia realidad. Por eso, sabiamente, me dijo “sé elástica”, pues debía ser flexible conmigo misma y luego, con los otros.
Fotografías: www. laboutiquedelpowerpoint.com e Image Bank

lunes, 17 de agosto de 2009

Para trabajar contigo mis apegos (II)


No encuentro cómo empezar a contarte esta historia. Digamos que el dolor que sentí al tener que devolverle a la vida a Sai Râm, fue porque me había quedado “sola”.
Mi hija se había marchado, y en muy malos términos conmigo. Luego de cuatro meses, no sabía dónde estaba, dónde vivía, tampoco supe nada de mi nieto en todo ese tiempo. Simplemente, nuestra relación se había roto, yo la daba por terminada, tanto, que me atreví a escribir lo siguiente: “Se dice que madre e hija es un vínculo para siempre, pues yo puedo decir ahora que no es así.”
Una tarde llegué a mi casa donde, por cierto, tenía miles de problemas, pues de ser una casa familiar, mi hermana se la había apropiado y la reclamaba para sí. Así se pasó meses vociferando, agrediéndome, incluso golpeándome físicamente para que me marcharse, mas yo, simplemente, no tenía donde ir. Y, por esas cosas que la vida nos da para experimentar y crecer, tuvimos que aprender a soportarnos. Ella, por su lado, escondía la comida, hasta las servilletas las guardaba en su nevera, para que yo no las usase. Entretanto, yo aprendí a tener paciencia con tanta miseria. La comida se perdía pero ella prefería eso a compartirla. De esa forma se me fueron borrando, hasta que un día ya no la vi más. Era como si hubiésemos comenzado a vivir en planos paralelos.
Pero, volviendo a mi historia, llegué esa tarde de mi empleo y ¡sorpresa!, mi hija y mi nieto estaban de visita. Él tenía mucha fiebre y mi hija se notaba cansada, demacrada, marchita. Supongo que lo que estaba viendo era el resultado de las horas de trabajo, su comer a destiempo y el no dormir bien.

-Hola Gigi- me dijo suavemente, abrazándome.
_Hola mi vida, respondí emocionada. ¡Había crecido tanto!. Cuando le toqué supe el porqué de su carita, tenía mucha fiebre.
En ese momento mi hija se acercó
-Hola mami- y me dio un beso
-Voy a llevar al niño al médico
-Sí, veo que tiene mucha fiebre- dije. –¿Sabes de qué?- pregunté.
-No mami, por eso lo llevo al médico.
Entonces dijo:
-Mi amor despídete de Gigi
El niño me miró y comenzó a llorar
-¿Qué sucede?- le pregunté, e inmediatamente repuse: -¿Quieres que te acompañe?
Movió su cabecita afirmando.
Fui con ellos, él y yo íbamos conversando en el auto, como si no hubiese pasado nada y, de repente le toco, la fiebre había comenzado a bajar. Entonces me dirigí a mi hija:
-¿Le diste algo para la fiebre?
-No mami, ¿por qué?, preguntó
-Porque la fiebre ha comenzado a bajar
-Sí, me he dado cuenta que las fiebres en él son emotivas
_No son emotivas -interrumpió el niño-. Yo no estoy emotivo
-¿Y entonces de qué es?, preguntó su madre
_ Es que me duele el estómago, respondió el niño
-Bien,¿nos devolvemos o prefieres ir al médico?
-Prefiero ir al médico.
E intervine, como madre al fin:
-Creo que lo mejor es que lo vea el pediatra, no sea que a medianoche se ponga peor.
Continuamos camino al consultorio, mas cuando llegamos, la secretaria nos informó que el médico estaba de vacaciones.
-No tengo otro pediatra- dijo mi hija
-¿Por qué no consultas para ver si hay alguien de guardia?
-No mami, vamos a la farmacia y le compro lo que él acostumbra a tomar para la fiebre.
-Pero hija- traté de refutar.
-Tranquila mami.
No quise intervenir, pues sabía que terminaríamos discutiendo y no quería eso.
Nos regresamos y ella me dejó en casa. El niño y yo nos despedimos con un fuerte abrazo, pero ambos queríamos seguir juntos.
Él se quedó mirándome a través de la ventanilla y yo me quedé parada en la acera, viendo cómo se alejaban.
En ese instante entendí que el amor no tiene apegos. No es un querer estar juntos por encima de ti y de mí. Es, simplemente, un lazo que viene y se nutre del corazón, nada más.
No obstante, es difícil comprender y vivir con ello. El reloj marcaba las 8:20 de la noche cuando mi teléfono sonó:
-Hola Gigi, te extraño mucho
-Yo también mi vida. Te amo y siempre te amaré. ¿Viste? tú me llamas y estamos juntos.
-Sí. Chao Gigi
Rompí a llorar, pero entendí que el niño se sentía mal y buscaba refugio en mí. Así que debía ser fuerte y no perder el tiempo llorando, sino dándole fuerza, energía sanadora, eso era lo que él necesitaba, las lágrimas eran el drama de mi ego, “así que puede esperar o aguantarse”, me dije.
Me comuniqué con mi hija por la mañana y el niño había estado mal. Lo llevó a medianoche a una emergencia médica, pues la fiebre era muy alta, además había vomitado.
-Pasó mala noche mami, porque el medicamento que le inyectaron para la fiebre le hizo una reacción alérgica, así que tuve que llevarlo por segunda vez, en eso pasamos toda la noche, pero ya está mejor.
Él intuyó y yo traté de ayudarle lo mejor que pude. Seguíamos comunicándonos desde el amor, yo le daba mi protección aún sin estar físicamente a su lado y él lo sentía. A cambio, él me daba la oportunidad y la alegría de ser madre por partida doble. Comprendí en mí lo que significaba ser abuela. Es maravilloso lo que descubrí, ser abuela es ser madre sin apegos.
Le había entregado a la vida a mi hija, ahora a mi nieto y ya no quedaba más que el vacío del espíritu, donde sólo cabe Dios. La cuestión ahora era cómo mantener ese estado.
Fotos del álbum familiar

viernes, 21 de noviembre de 2008

Para trabajar contigo mis apegos


Luego de tanto tiempo, regreso a mi máquina, digo mi compu... Muchos eventos han transcurrido y entre los más recientes, mi Chechi se fue "al cielo perruno", como dice mi nieto.
Es hora de regresar a juntar palabras que nos abren al corazón de los que consideramos "los otros".
Un animal, simplemente un animal se fue, tal vez para quienes no comprenden lo que es un miembro de la familia, peludo, al que despectivamente se le llama mascota, pensarán que es drama. Déjame decirte que sí es drama, tienes razón, es un apego. Permíteme hablarte de mis útlimas experiencias en cuanto al trabajo del desapego.
Cuando Princesa, mi Chechi, se marchó fue realmente duro para mí. Me llamaron de la clínica veterinaria para avisarme que debía ir a firmar la autorización para realizarle una eutanasia. Se me pedía que firmase un papel, el cual decidía la vida de mi Princesa. Cuando entré al consultorio, ella apenas y podía levantar la cabeza, estaba sumamente hincahada, su hígado había crecido seis veces más de lo normal. No podía comer ni tomar agua sin ahogarse.
"La otra opción -dijo el veterinario- es dejarla tal como está y esperar que sufra un paro respiratorio o un infarto".
-¿Cuànto tiempo?, pregunté
-Es cuestión de días, resapondió.
Firmé la hoja y todo transcurrió en cuestión de segundos. El médico preparó la inyección letal, yo le tomé la patita y Princesa no puso ninguna resistencia. Su corazón dejó de latir en menos de un minuto. Fue una experiencia difícil para mí. Yo decidiendo si Princesa vivía o moría. Aún hoy, con lágrimas en los ojos, después de un año, continúo pensando que fue lo mejor para ella, pero la mezcla de sentimientos no ha desaparecido del todo. Racionalmente sé que hice lo correcto, emocionalmente no lo sé, me pregunto ¿Hubiese sido mejor que ella se fuese por sí misma, pese al dolor físico que ello representaba?.
Chechi confiaba en mí, ¿sabría que aquella inyección era para acabar con su vida?.
Mi egoísmo me traiciona, mi ignorancia respecto de la vida entera y acerca de los verdaderos designios del universo, me ciegan. Me limito en cuanto a lo que siento desde afuera, me llena de temor el no saber y, peor aún, el descubrir que todo esto no es más que un apego.
Luego, siguió mi hija y mi nieto, pero esta historia la guardo para después, en una entrada aparte. Ahora, permíteme contarte cómo enfrenté la partida de Sai Râm, mi gata negra peluda, mi "Chartre de pipotè", como le llamaba mi sobrino, pues, en realidad es una chartre, una rara raza francesa, rara por estos lares, aclaro, lo del pipotè, es porque la encontré, junto a su hermano, un hermoso chartre gris, botados junto al tacho de basura, al cual, los maracuchos llamamos "pipote", he allí que nuestro "pipote" él lo convirtió en un "pipotè" a lo français.
La historia de Sai Râm y Baba
Esa mañana encontré el rincón de mi cama, donde ella solía dormir, lleno de pelos. Ya no estaba conmigo, se había ido la tarde anterior.
Tuve que regalarla porque mis horas de trabajo ya no me permitían atenderla, además, mi hermana me había echado de nuestra casa, apropiándose de ella. Así que literalmente, quedé en la calle.
Había conseguido una modesta, pero muy linda habitación para vivir, pero la dueña de casa no quería gatos “y menos negros, ¡uuuuyyy!, son de mal agüero”, comentó cuando le planteé la posibilidad de que Sai Râm viviese conmigo.
Me emocionó encontrar los pelos de Sai Râm aún en mi cama, era lo único que me quedaba de ella, así que me dediqué a recogerlos, traté de juntarlos todos, primero intenté con mi mano, pero no parecía funcionar muy bien, enrojecida ya por el roce con la tela, tuve que desistir. Entonces, intenté con un cepillo, no quería peder ni un solo pelo de mi gata. Entretanto, las lágrimas corrían por mis mejillas, hecho que complicó aún más mi tarea de recolección, por cuanto la vista se me nublaba.
Era obsesivo. Sai Râm no estaba conmigo, pero el pequeño ovillo de pelos permanecía en mis manos. Lo guardé cuidadosamente en una cajita en forma de corazón, bellamente decorada, lo observé, lo acaricié y lo guardé.
De alguna manera, estaba obsesionada con mantener a Sai Râm ¿a mi lado o en mi corazón?.
No quería olvidar, pero ¿olvidar qué? o ¿a quién?. ¿Era la ausencia de Sai Râm o mi propio vacío lo que me dolía? .Qué era lo que no quería olvidar, ¿a Sai Râm o al amor que creía sentir por ella?, o era simplemente mi egoísmo. Tal vez era mi temor más que mi amor, mi obsesión por no perderla.
Sabía que debía continuar mi camino y que Sai Râm tenía derecho a seguir con su vida, una vida que yo ya no podía ofrecerle.
Mi responsabilidad con ella era proporcionarle un buen hogar, donde disfrutase de seguridad, comodidad, comida, agua y, lo más importante: amor. Todo eso lo habíamos encontrado. Las chicas que se haría cargo de ella, lo primero que hicieron fue meterla en la cama, junto a ellas.
Al ver aquella primera acción, supe que Sai Râm, había encontrado su nuevo rumbo, su nuevo hogar, el que yo ya no le estaba proporcionando. No obstante, continuaba obsesionada con la idea de tenerla conmigo. Estaba atascada en la soberbia idea de que sólo yo podía y quería cuidarla como ella se lo merece.
Aquellas niñas, de entrada, me habían dado una gran bofetada. Sin conocerla, apenas viéndola saltar de la jaula, se abalanzaron a mimarla, con tanto o más amor que yo, que me ufané siempre de haberla criado desde horas de nacida, de haber sido su única mamá. Y, orgullosamente contaba, una y otra vez, la historia de cómo la recogí, a ella y a su hermano, de mi jardinera, junto al pipote de la basura. Tenían hipotermia, no habían mamado, su cordón umbilical todavía sangraba.
Los crié a ambos con gotero. Repetía la historia de las malas noche que pasé durante una semana y de cómo, finalmente logré que sobrevivieran.

Baba se había ido ya hacía un par de años, tuve que regalarlo porque vivíamos en un apartamento, afortunadamente para él, en un primer piso, mas cada vez que yo salía él se desesperaba y se lanzaba por las ventanas a buscarme. La primera vez, se rompió el hocico, la segunda, un colmillo y la tercera se destrozó las garras, tratando de asirse al radiador de un aparato de aire acondicionado. Cuando le vi sangrando y con tanto dolor al caminar, decidí buscarle un hogar, y lo encontré en casa de una médica veterinaria. Todavía vive con ella y su familia. Todos le adoran y hasta le han comprado una gatita para que sea su mascota y no se sienta solo y deprimido cuando la familia sale de casa. Me han enviado noticias de cuán feliz está. Mejor que a mi lado. Me costó aceptarlo, pero sé que es así.
Ahora, me tocaba entregar a Sai Râm, la vida la puso una tarde en mi camino, era hora de devolvérsela, y fue también en una tarde soleada de un primer día de agosto.
Al observar la escena de las chicas acariciando a Sai Râm, en tan sólo un instante, entendí cuán fuertes, terribles, egoístas, soberbios y destructivos pueden ser los apegos en nuestra vida.
Comprendí, por fin, que lo más importante no era lo que perdía -pues en verdad, no perdía nada-, sino lo que había logrado vivir junto a cada uno de estos seres, fuesen de dos o de cuatro patas, eso no importaba en lo absoluto.
Un día me los obsequié, ahora me tocaba compartirlos, entregarlos a otros para que aquellos también pudieran vivir las experiencias que necesitasen,y a su vez, dejar que ellos decidiesen su camino para crecer y renacer, como, de alguna manera, había comenzado a hacerlo yo, en una tarde de un primer día de agosto.
--Fotografías del álbum familiar