viernes, 21 de noviembre de 2008

Para trabajar contigo mis apegos


Luego de tanto tiempo, regreso a mi máquina, digo mi compu... Muchos eventos han transcurrido y entre los más recientes, mi Chechi se fue "al cielo perruno", como dice mi nieto.
Es hora de regresar a juntar palabras que nos abren al corazón de los que consideramos "los otros".
Un animal, simplemente un animal se fue, tal vez para quienes no comprenden lo que es un miembro de la familia, peludo, al que despectivamente se le llama mascota, pensarán que es drama. Déjame decirte que sí es drama, tienes razón, es un apego. Permíteme hablarte de mis útlimas experiencias en cuanto al trabajo del desapego.
Cuando Princesa, mi Chechi, se marchó fue realmente duro para mí. Me llamaron de la clínica veterinaria para avisarme que debía ir a firmar la autorización para realizarle una eutanasia. Se me pedía que firmase un papel, el cual decidía la vida de mi Princesa. Cuando entré al consultorio, ella apenas y podía levantar la cabeza, estaba sumamente hincahada, su hígado había crecido seis veces más de lo normal. No podía comer ni tomar agua sin ahogarse.
"La otra opción -dijo el veterinario- es dejarla tal como está y esperar que sufra un paro respiratorio o un infarto".
-¿Cuànto tiempo?, pregunté
-Es cuestión de días, resapondió.
Firmé la hoja y todo transcurrió en cuestión de segundos. El médico preparó la inyección letal, yo le tomé la patita y Princesa no puso ninguna resistencia. Su corazón dejó de latir en menos de un minuto. Fue una experiencia difícil para mí. Yo decidiendo si Princesa vivía o moría. Aún hoy, con lágrimas en los ojos, después de un año, continúo pensando que fue lo mejor para ella, pero la mezcla de sentimientos no ha desaparecido del todo. Racionalmente sé que hice lo correcto, emocionalmente no lo sé, me pregunto ¿Hubiese sido mejor que ella se fuese por sí misma, pese al dolor físico que ello representaba?.
Chechi confiaba en mí, ¿sabría que aquella inyección era para acabar con su vida?.
Mi egoísmo me traiciona, mi ignorancia respecto de la vida entera y acerca de los verdaderos designios del universo, me ciegan. Me limito en cuanto a lo que siento desde afuera, me llena de temor el no saber y, peor aún, el descubrir que todo esto no es más que un apego.
Luego, siguió mi hija y mi nieto, pero esta historia la guardo para después, en una entrada aparte. Ahora, permíteme contarte cómo enfrenté la partida de Sai Râm, mi gata negra peluda, mi "Chartre de pipotè", como le llamaba mi sobrino, pues, en realidad es una chartre, una rara raza francesa, rara por estos lares, aclaro, lo del pipotè, es porque la encontré, junto a su hermano, un hermoso chartre gris, botados junto al tacho de basura, al cual, los maracuchos llamamos "pipote", he allí que nuestro "pipote" él lo convirtió en un "pipotè" a lo français.
La historia de Sai Râm y Baba
Esa mañana encontré el rincón de mi cama, donde ella solía dormir, lleno de pelos. Ya no estaba conmigo, se había ido la tarde anterior.
Tuve que regalarla porque mis horas de trabajo ya no me permitían atenderla, además, mi hermana me había echado de nuestra casa, apropiándose de ella. Así que literalmente, quedé en la calle.
Había conseguido una modesta, pero muy linda habitación para vivir, pero la dueña de casa no quería gatos “y menos negros, ¡uuuuyyy!, son de mal agüero”, comentó cuando le planteé la posibilidad de que Sai Râm viviese conmigo.
Me emocionó encontrar los pelos de Sai Râm aún en mi cama, era lo único que me quedaba de ella, así que me dediqué a recogerlos, traté de juntarlos todos, primero intenté con mi mano, pero no parecía funcionar muy bien, enrojecida ya por el roce con la tela, tuve que desistir. Entonces, intenté con un cepillo, no quería peder ni un solo pelo de mi gata. Entretanto, las lágrimas corrían por mis mejillas, hecho que complicó aún más mi tarea de recolección, por cuanto la vista se me nublaba.
Era obsesivo. Sai Râm no estaba conmigo, pero el pequeño ovillo de pelos permanecía en mis manos. Lo guardé cuidadosamente en una cajita en forma de corazón, bellamente decorada, lo observé, lo acaricié y lo guardé.
De alguna manera, estaba obsesionada con mantener a Sai Râm ¿a mi lado o en mi corazón?.
No quería olvidar, pero ¿olvidar qué? o ¿a quién?. ¿Era la ausencia de Sai Râm o mi propio vacío lo que me dolía? .Qué era lo que no quería olvidar, ¿a Sai Râm o al amor que creía sentir por ella?, o era simplemente mi egoísmo. Tal vez era mi temor más que mi amor, mi obsesión por no perderla.
Sabía que debía continuar mi camino y que Sai Râm tenía derecho a seguir con su vida, una vida que yo ya no podía ofrecerle.
Mi responsabilidad con ella era proporcionarle un buen hogar, donde disfrutase de seguridad, comodidad, comida, agua y, lo más importante: amor. Todo eso lo habíamos encontrado. Las chicas que se haría cargo de ella, lo primero que hicieron fue meterla en la cama, junto a ellas.
Al ver aquella primera acción, supe que Sai Râm, había encontrado su nuevo rumbo, su nuevo hogar, el que yo ya no le estaba proporcionando. No obstante, continuaba obsesionada con la idea de tenerla conmigo. Estaba atascada en la soberbia idea de que sólo yo podía y quería cuidarla como ella se lo merece.
Aquellas niñas, de entrada, me habían dado una gran bofetada. Sin conocerla, apenas viéndola saltar de la jaula, se abalanzaron a mimarla, con tanto o más amor que yo, que me ufané siempre de haberla criado desde horas de nacida, de haber sido su única mamá. Y, orgullosamente contaba, una y otra vez, la historia de cómo la recogí, a ella y a su hermano, de mi jardinera, junto al pipote de la basura. Tenían hipotermia, no habían mamado, su cordón umbilical todavía sangraba.
Los crié a ambos con gotero. Repetía la historia de las malas noche que pasé durante una semana y de cómo, finalmente logré que sobrevivieran.

Baba se había ido ya hacía un par de años, tuve que regalarlo porque vivíamos en un apartamento, afortunadamente para él, en un primer piso, mas cada vez que yo salía él se desesperaba y se lanzaba por las ventanas a buscarme. La primera vez, se rompió el hocico, la segunda, un colmillo y la tercera se destrozó las garras, tratando de asirse al radiador de un aparato de aire acondicionado. Cuando le vi sangrando y con tanto dolor al caminar, decidí buscarle un hogar, y lo encontré en casa de una médica veterinaria. Todavía vive con ella y su familia. Todos le adoran y hasta le han comprado una gatita para que sea su mascota y no se sienta solo y deprimido cuando la familia sale de casa. Me han enviado noticias de cuán feliz está. Mejor que a mi lado. Me costó aceptarlo, pero sé que es así.
Ahora, me tocaba entregar a Sai Râm, la vida la puso una tarde en mi camino, era hora de devolvérsela, y fue también en una tarde soleada de un primer día de agosto.
Al observar la escena de las chicas acariciando a Sai Râm, en tan sólo un instante, entendí cuán fuertes, terribles, egoístas, soberbios y destructivos pueden ser los apegos en nuestra vida.
Comprendí, por fin, que lo más importante no era lo que perdía -pues en verdad, no perdía nada-, sino lo que había logrado vivir junto a cada uno de estos seres, fuesen de dos o de cuatro patas, eso no importaba en lo absoluto.
Un día me los obsequié, ahora me tocaba compartirlos, entregarlos a otros para que aquellos también pudieran vivir las experiencias que necesitasen,y a su vez, dejar que ellos decidiesen su camino para crecer y renacer, como, de alguna manera, había comenzado a hacerlo yo, en una tarde de un primer día de agosto.
--Fotografías del álbum familiar

domingo, 3 de febrero de 2008

LO QUE EL MIEDO ES CAPAZ DE HACER


Como nuestra mayor fuerza creadora, el miedo, al igual que el amor, mueve montañas. Sólo que, en vez de construir, destruye.

Hace poco tiempo, Rina recibió tres inivitaciones a la celebración del aniversario artístico de un cantante muy conocido. Tenía una entrada para ella, una para su hijo y, dado que tenía una extra, decidió invitar a su amiga Victoria, quien había trabajado como vocalista en una orquesta de ritmos bailables durante mucho tiempo.

Victoria, había pasado mucho tiempo alejada de ese medio, pues, luego de su matrimonio y su primer embarazo, había dejado de cantar, algo que adoraba hacer, pero también amaba a su esposo y quería tener una familia.

Conocía a todos, pero recordando lo duramente competitivo que es el medio farandulero se preguntaba: "¿Me recordarán?..." Había pasado mucho tiempo y su gran temor parecía ser, más bien, que la reconocieran y le preguntaran qué estaba haciendo. Después de su divorcio, había estado trabajando en diversas ocupaciones y para ese momento, se dedicaba, con su camoineta, a llevar y traer niños a la escuela. Era un transporte escolar particular.

Posiblemente, esta tarea tan digna y hermosa, tal vez se le hacía muy poco, al lado de subir y bajar de un escenario, seguida del aplauso de la gente.

Cuando Rina la llamó para invitarla, Victoria inventó varias excusas, como el funeral de un vecino, después acotó, que no podría dejar sola a su mamá y así, se pasó horas inventando justificaciones.

Después de mucho discuitr y buscar soluciones a cada excusa que Victoria le presentaba, Rina le preguntó:
-- ¿Qué te pasa?, ¿A qué le tienes miedo?--

A lo que Victoria contestó:

--No claro que no, ¿por qué tendría que tener miedo?

--Y entonces, ¿por qué no quieres ir?

Ante la concluyente pregunta de Rina, Victoria, que no se atrevía, ni siquiera a aceptar su miedo, no le quedó más remedio que acceder:

-Está bien, yo voy con ustedes, pasen por mí.--

Llegó el día del evento. Cuando Rina pasó por Victoria, inmediatamente notó lo incómoda que estaba. Comenzaron a hablar, pero sentía que, mientras se acercaban al teatro donde se realizaría la celebración, la tensión de Victoria iba en ascenso. Rina ya no sabía qué decir y Victoria ya no sabía cómo disimular su temor. Estaba, cada vez, más nerviosa. Al llegar al estacionamiento y bajar del vehículo, Victoria trató de sonreir, pero en su rostro se veía su angustia, según Rina, estaba a punto de entrar en pánico. La trayectoria desde el estacionamiento a la entrada del teatro, pareció la caminata del sentenciado hacia el paredón de fusilamiento.

Cuando se acercaron, se percataron que todo estaba a oscuras. Preguntaron al portero y éste, asombrado, respondió:

--Señora, aunque usted no lo crea, porque yo tampoco, estalló todo el sistema eléctrico del Teatro. No entendemos qué pasó, pues hasta esta tarde se estuvo probando el equipo de sonido y todo funcionaba perfectamente. Lo único que le puedo decir es que ese hombre -refiriéndose al homenajeado- "está salao".

Victoria respiró profundamente, posiblemente por primera vez en dos días, desde que recibió la invitación de Rina. La celebración se canceló indefinidamente y Rina, en silencio, muy bajito dentro de sí, exclamó:

--¡Lo que hace el miedo!.

Como este, he escuchado miles de ejemplos. Me contaron la historia de una mujer que amaba profundamente a sus hijos, era una madre ejemplar. Su vida eran sus hijos. Una tarde, meintras ella estaba cocinando y sus hijos jugando a su alrededor, el horno estalló y comenzó a despedir llamaradas. Ella, que había recibido el fogonazo en la cara, salió corriendo fuera de la casa, olvidándándose de que sus tres niños habían quedado adentro. Afortunadamente, el mayor de los niños, de 9 años, tomó a sus otros dos hermanitos y los condujo hasta la salida.

El accidente no pasó de una cocina quemada, así como las pestañas y las cejas de la mujer. Los niños resultaron ilesos, pero la mujer jamás olvidó cómo el miedo la había hecho "fallar como madre".

Cuando me preguntaron qué opinaba acerca de esto, yo me limité a responder:

--Esa mujer debe ser más condescendiente con ella misma, entender su miedo y perdonarse a sí misma, de lo contrario, el amor por sus hijos, entonces, no será real.

También leí, hace ya muchos años, la historia de una mujer que tuvo un accidente automovilístico. Iba con su pequeña hija. Cuando volcó su automóvil, ella logró salir, pero su hija estaba atrapada. Era una simple mujer de mediana estatura, pero el llanto de su hija hizo que ella arrancase la puerta atorada, como sólo hubiese podido hacerlo un Hércules.

Ante este hecho, yo te pregunto a ti: ¿Qué actuó en ella?, ¿la fuerza del miedo o la del amor?...
Sólo observa los resultados y la diferencia entre ellos.

lunes, 5 de febrero de 2007

ESCRIBIR ES MUCHO MÁS QUE JUNTAR SONIDOS PETRIFICADOS

Escribir es mucho más que juntar sonidos petrificados, mucho más que adornar significados enmohecidos, sentidos sinsentido de tanto amoldarse a un sentido globalizable.

Escribir es como vivir en la latencia de una página cualquiera, una pantalla que, al final, se reduce a miles y miles de puntos, sin más tiempo que el de la necesidad de la palabra abrumadora, agolpada en tantas sinapsis como posibilidades haya en el universo del ser. Sí, el verbo ser como la clave para hacer un universo de tintapapel o de energía luminosa, que con su estela va dibujando cada uno de mis sonidos.

Es el acto de escupir y esculpir razones y sensaciones que mueren en el mismo instante. Se quedan en la millonésima fracción de segundo en que se producen. Es la idea de vida más corta que he experimentado y, sin embargo, la única manera de hacerlas perennes, una especie de muerte para no morir.¿La clave de la tan ansiada resurrección?, no lo sé.

Es posible que en la escritura se redima el pecado de nombrar, de la mente egoísta, dominadora del espacio en blanco y el tiempo en negro.

Es la palabra compuesta frente a la ventana, en espera de alguien que se enamore de ella y se la lleve. Mientras, quien la produce muere y se salva, o muere y se condena, pero muere para empezar a vivir su propia historia, más allá de los muros de una existencia propia.

Escribir es mucho más, es todo lo que se es y lo que se puede ser aun cuando no pudiese llegar a serlo. Cuando tomo esa virtual página en blanco, abro todos los posibles, embarco en ellos mi imaginación y comprometo la de los otros en mi necesidad de expresión y comunión más que comunicación. Tiene otro peso ¿verdad?.

Sí, es una tregua al silencio. Recuerdo entonces a la poeta del eterno atardecer de mi salobre ciudad, diciéndome:“escribo, porque para guardar silencio me sobra la eternidad”.

En ella el verso flota y remonta mares. En mí, cada palabra, cada línea apunta al horizonte, en busca de una brevedad que se esconde entre mis espejismos.

Es esa especie de urgencia la que me mueve a escribir esa historia, sin perder de vista ese punto que ansío, ese poder de síntesis que me lleva hasta el umbral donde ya no sólo se conoce y se dominan los distintos sortilegios para lograr que la voz se convierta en la serpentina de secretos y extraños dibujos, que descubrí de la mano de mi madre cuando era una niña, y con los que aprendí esa especie de fórmula alquímica para reproducirla.

Entonces, la palabra deja de ser la misma para ser, simplemente ser en un ser de todos. Allí, la profundidad del pensamiento se mete en todos los escondrijos posibles, sacando al aire toda posibilidad de imaginar para vivir, de soñar para revivir y seguir viviendo.

Nota: Escriir es la introducción de mi relato tiulado: "I de Inés", incluido en mi libro "Relatos con I"

viernes, 2 de febrero de 2007

cómo meditar

Hace unos días me invitaron a una charla acerca de la escritura creativa. Causalmente, unos instantes después de haber aceptado, me senté frente a mi computador para organizar lo que diría. Lo primero que encontré fue una ficha que rezaba:
Piensa CreativamenteActúa decididamenteVive peligrosamente
Debajo, aparece una cita que no recuerdo de dónde la tomé, lo siento, pido disculpas por ello. La cita reza: “Cuando limpies tu corazón, no te pares a jugar con las palabras”. Esto inspiró toda mi conferencia acerca de lo que debería decir respecto de la escritura creativa.
Mi primera inquietud fue tratar de responder algo que, normalmente, se queda en el aire: ¿Cómo lo hago?.

Siempre se nos ha dicho que la escritura creativa nos lleva a crear literatura, pero no es así para mí, puedes emplear la escritura creativa para solicitar un crédito, para reclamar el haber sido víctima de algún atropello en alguna oficina pública, o por supuesto, para escribir una carta de amor.

En realidad, para escribir lo que sea, tu mente debe estar dispuesta en el “aquí y ahora contigo mismo”. El escribir es un constante presente y la única manera que tiene de manifestarse es en ese presente, no importa en qué tiempos uses los verbos de tus frases, siempre será un presente.
Esta es una clave interesante de recordar, pues, a menudo, se nos olvida.
Escribir es crear con palabras, es el principio del principio:
¿Recuerdas lo que decía el prólogo del Evangelio de Juan?: “En el principio era el verbo…”, pues ese verbo es la palabra.
Esa palabra se forma de la interacción existente entre tu experiencia interna y tu experiencia o interacción con el mundo externo. Podríamos decir que lo primero es la imagen, esa imagen se transforma en un pensamiento, el pensamiento es idea y la idea es concepto, pero cada concepto guarda en su interior una estrecha, muy estrecha relación, con tu plano emocional, léase sentimientos, sensaciones e intuiciones.

Así que pensar creativamente te lleva a escribir creativamente. ¿Qué significa esta especie de tautología?.
Pues, a mi manera de entenderla y experimentarla, significa que tú tienes el poder de hacer relaciones nuevas con los mismos pensamientos y emociones, simplemente cambiando la intención consigues un resultado diferente.
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QUÉ HACER CON “LA LOCA DE LA CASA”
Tú te preguntarás a qué me refiero y yo te diré que para escribir necesitas concentración en la acción y acción en la concentración. ¿Qué es esto?.
Es simplemente que debes acostumbrar a tu mente racional a centrarse en un solo pensamiento y, asimismo, debes llevarlo a la acción, vale decir que la única forma de dominar la comunicación escrita, efectiva y eficazmente, es haciéndolo constantemente.

Para ello, puedo sugerirte un par de pequeños y sencillos trucos:
Veamos:
Para mantener tu mente en el aquí y ahora

a) Maneja tus emociones:Cualquier estado emotivo disparará las suposiciones y construirá miles y miles de explicaciones acerca de tu soledad, tus miedos, tus temores en cuanto a la infidelidad de tu pareja, en fin. Sólo es cuestión de buscarles una solución. Por ejemplo, convéncete de que eres totalmente capaz de dar ese examen al que tanto le temes.

b) Soluciona tus problemas desde ti mismo:Mira más dentro de ti, toma más en cuenta tus capacidades y talentos que tus defectos. Mira cada problema como una oportunidad y no como un obstáculo en tu vida. Simplemente repítetelo, hasta que tu mente se acostumbre a aceptar este tipo de pensamientos. Así, desecharás tus preocupaciones y pasarás directamente a las ocupaciones, la acción, que a fin de cuentas es lo que hace tu día a día.

c) No ocultes nada:No temas, acéptate tal cual eres y comunícaselo a los demás. Ten confianza en ti mismo, trabaja tu autoestima. Cuando intentas ocultar tus acciones, te preocupas demasiado, por tanto, tu mente estará pendiente de no traicionarte. Esto es fatal para escribir, pues por estar queriendo “esconder tu punzón en un saco de tela”, como dice el refrán, te inhibirás ante la página en blanco y el mensaje surgirá con mayor dificultad, con menos honestidad y, por supuesto, tus lectores lo captarán.
Mi sugerencia es que no temas a mostrarte tal cual eres. Te asombrarán los resultados.

ALGUNAS GENERALIDADES PARA REDACTAR LO QUE SEA
Para ordenar tus pensamientos y ponerlos en el papel te sugiero que sigas estos sencillos pasos:

1. Plantea tu tema: Escríbelo

2. Hazte un boceto. Simplemente anota todos los pensamientos relacionados con tu tema, que te vengan a la mente. Tal vez algunos te parezcan descabellados, no importa, anótalos igual.

3. Desarrolla un párrafo por cada uno de esos pensamientos

4. Revisa lo que escribiste e imagina lo que puedes aprovechar, dejando a un lado lo que te pudiera parecer fuera de lugar. Descártalo, pero no lo destruyas aún, guárdalo hasta la última y definitiva revisión. Nunca se sabe.

5. Relee, relee y relee, así irás arreglando, tanto la coherencia como la concordancia entre tus frases y tus párrafos.

6. Sólo cuando te sientas realmente satisfecho, deja tu texto en paz. Para ello, es muy importante que te hayas fijado una meta. Quiero decir, que tengas muy claro qué es lo que quisiste decir y a quién quisiste decirlo, sólo así sabrás si tu texto está listo o no.

Recuerda que cuando te fijas una meta estarás aumentando tu propio rendimiento, pues te ayudará a estar completamente seguro de ti mismo, de que puedes y deseas alcanzarla.

Para ello te sugiero tomar nota de estos dos puntos:

1. No abandones nada antes de llegar al final, al menos a un tope razonable para ti. Me refiero, específicamente, a tus relecturas, relee tu texto una y otra vez, pero debes fijarte un punto que te permita decir: “hasta aquí, esto es lo que quiero”, de lo contrario no llegarías nunca a ese final, ¿Me explico?.

2. No insistas en hacer y seguir haciendo algo que no te interesa o que no te lleva a ninguna parte. Si no te importa, no lo escribas. Si no crees en ello, no lo escribas. Para ello céntrate en tu tema, en tu interés y motivación por él, en tus razones y en tus sentimientos.
Con ello, lograrás que la comprensión de tu texto conmine a las personas a leer más allá de tus palabras. Me refiero a que, a través de la lectura de tus palabras estarán recibiendo ideas. Esto significa leer para comprender y aplicarlo en la vida.
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EN CUANTO A LA COHERENCIA
No busques la coherencia al comparar lo que tú escribes con lo que supuestamente debe ser, según la reglas del idioma. Es cierto que debes tomar en cuenta las reglas de ortografía y las normas sintácticas, pero además de ello hay un ingrediente sumamente importante en este asunto y ese eres tú. Tu coherencia debe fundamentarse en la armonía que debe existir entre tus pensamientos, sentimientos y acciones. Si existen coherencia entre ellos, no hay texto que tú produzcas en el que no se refleje esta armonía. En este sentido, es más importante tu actitud que tu aptitud.

En cuanto a si es arte o no, sólo puedo decirte que la única diferencia es que aceptamos algunos textos como ficción y otros no. La línea divisoria es muy, pero muy delgada. Al final, como decía Calderón de la Barca: “La vida es sueño”.

martes, 2 de enero de 2007

LA LECCIÓN QUE APRENDÍ DE ISMAEL

Estuve pensando en dejar de escribir.
¡Qué sentido tiene hacerlo, si nadie parece comprenderlo!, pensé.
Pero, sucedieron dos acontecimientos que me sentaron nuevamente frente a la pantalla.
Murió el esposo de mi prima y encontré la boleta de nacimiento de mi hija entre las páginas de “La Oración de la Rana”, precisamente en la reflexión titulada “Gracia”.

La gracia de la vida y la muerte, o lo que llamamos muerte, otra vez mordiéndose la cola ante mí.
Él se llamaba Francisco, pero por esas cosas de familia, yo siempre lo conocí como Ismael. Qué poco cuidadosa fui al no conversar con él acerca de su nombre. El día de su velatorio, mis hermanas y yo, nos enteramos que su nombre era Francisco Ismael.
-Lindo nombre, pensé hoy. Inmediatamente vino el reproche, -nunca se lo dije-

Mas, no es cierto, de alguna forma él lo supo. Salir de este plano es doloroso para los que nos quedamos, para los que se van es una bendición. Es el actor saliendo de escena triunfante, siempre triunfante, después de haber hecho y dicho su parlamento.

Ayer quise decírselo a mi prima, pero no dije ni una sola palabra, sólo nos miramos y yo sonreí. No sé por qué, pero ella comprendió.
El amor y la vida no caben en las palabras, y el dolor por la muerte es sólo cuando se nos olvida que nunca hemos podido, ni podremos morir. Somos eternos. Apenas esta es la salida de una puesta en escena.

Un amigo me ha dicho: “el día que yo me muera, lo haré con todo el dolor de mi alma”. Ayer, Ismael me regaló su maravillosa lección de vida. Se fue bailando, disfrutando, feliz, tal como se tomó la vida entera. Estuvo muchos años enfermo y, constantemente repetía. “La enfermedad se tiene que adaptar a vivir conmigo, no yo con ella”. De alguna forma nos dijo a todos, que cada cual debe asumir su responsabilidad por lo que elige vivir, consciente o inconscientemente. Él lo hizo.

Y es así como crecemos y renacemos, hasta que encontramos en nosotros mismos la verdadera luz. Gracias Ismael por haberme recordado esto cuando estuve a punto de dejar de escribir.
Recordé el Libro de la Ley: “Haz lo que quieras”… “pero de todos tus actos has de dar cuenta” Él lo hizo, cumplió con la Ley de la Era de Acuario. Vivió como quiso y se responsabilizó por ello. Nacimos para ser felices, no para sufrir, morimos para ser felices, no para sufrir. Somos criaturas hechas para el amor, no para el miedo, el dolor ni el sufrimiento.
Nuestra vida aquí es un paso de amor y de constante armonía con el universo. Ojalá no se nos olvide nunca.

domingo, 17 de diciembre de 2006

LAS ANOTACIONES DE UNA “LIBRETICA”

Encontré una pequeña libreta junto al cubo de la basura, no sé por qué la recogí, se abrió en una página que tenía esta frase:

“Lucifer es el miedo, Metathron o la manifestación primera de Dios, es el amor.”
No recuerdo cuándo ni por qué escribí todo esto, simplemente, no lo recordaba. Esto era lo que contenía en sus diminutas páginas:

El hombre no es una entidad física. Es, más bien, alguien que visita lo físico. El hombre es inteligencia, la luz del conocimiento con potencialidades multidimensionales, que trascienden su ser emocional y mental.

No somos ni cuerpo ni mente, somos una Presencia dentro de la vida. Por ello, la cubierta del cuerpo es la expresión física de la mente. La mente es la sustancia, la fuerza que genera esa expresión física.

El principio-energía y sustancia.

La Alquimia interior nos enseña el arte de transformar:
Odio o rabia en amor
Sexualidad y posesión en sensibilidad y libertad
Miedo en creatividad y alegría,
Porque somos cocreadores con Dios.

El propósito de la vida no sólo es crecer, expandirse y retornar a la fuente amplificados como luz, sino también bendecir y crear.

Los tres poderes en ti son: Pensamiento, sentimiento y Palabra hablada. El sentimiento proporciona el combustible para toda creación, pero el sentir debe ir más allá de la emoción o las sensaciones. El sentir debe darse desde el corazón, unir la mente inferior a la mente superior a través del amor.

OJO: Las reglas son simples guías, que se aplican cuando no existe suficiente maestría en uno mismo.

ME ABRO A MI PROPIO UNIVERSO...
a mi propia creación, me hago cargo de ella y la transmuto en luz. Mis fuerzas, mi conexión con el mundo interior.
He aprendido que sí puedo conversar directamente con Dios, pero se me olvida y sigo pidiendo ayuda a los intermediarios, no obstante, cada día siento que estoy muy cerca de mi Padre-Madre. Y me comunico con Él, puedo escucharlo como a mí misma y es increíblemente maravilloso.

Por Él, ahora entiendo que todo está en su lugar, cumpliendo la función que debe cumplir, por tanto, nada es malo ni bueno. Esto me hace sentir menos sombría que antes.

Soy muy intuitiva, con la gente, con los hechos, conmigo misma, pero también soy muy espontánea en muchas áreas, lo que me lleva actuar por impulso. Lo bueno de ello, para mí, es que lo voy identificando cada vez mejor, lo que me ha permitido observarme en esas situaciones de ansiedad, angustia, celos e incertidumbre. Observo cómo determinados pensamientos disparan estas reacciones, hago un esfuerzo por identificar cuál es verdadero detonante, qué deseo, qué necesidad, como diría un psicoanalista, cuál es la pulsión que está detrás.

Siempre siento miedo, a veces llega al nivel de pánico, la inseguridad en mi trabajo, que no es más que mi propia inseguridad, pero lo he ido superando. Y todo gracias a escucharme, lo que me permitió comprender que cada experiencia, por muy dura que me haya parecido, me ha servido para entender y aceptar mágicas y maravillosas lecciones, para darme cuenta de quién soy en realidad y de cuánto he estado absteniéndome de manifestar mis verdaderos sentimientos, por miedo al rechazo de los otros, al abandono. Ahora soy conciente de ello.

También, me di cuenta de que he estado reprimiendo y suprimiendo la energía del dinero. Odio ir a un banco, hacer colas, realizar transacciones comerciales. ¡qué horror!

Le temía más al éxito que al fracaso. Le temo, sobremanera al triunfo ante todos y, sin embargo, lo anhelo.

Pero, estoy orgullosa de mí, porque he mejorado mucho, sobre todo en el aspecto emocional, me siento más segura al controlar mis emociones y, cuando no puedo lo reconozco, eso me ayuda a centrarme.

He aprendido a no temer, ano tenerle miedo a casi nada y a enfrentar las cosas, vengan de donde vengan.
Fue a partir de allí cuando me planteé desarrollar talleres de crecimiento personal. En la última anotación reza: “Quiero dar, ya que hasta ahora sólo he recibido. Quiero destruir la oscuridad en mí, la oscuridad de la ignorancia. Debo enfrentar sin temer. Esa será mi ventaja: el miedo que ya no tengo.

Comprendo, entonces que el móvil de mi sendero no es el amor al poder, sino el poder del amor.

Fotos: Tomadas de "Arte en papel".

jueves, 14 de diciembre de 2006

PARA TENER UNA CONVERSACIÓN DIRECTA CON DIOS

Particularmente, me he pasado más de la mitad de mi vida queriendo tener una conversación directa con Dios. ¡Qué tonta fui!. Un día, descubrí que esa conversación la tengo todos los días. Dios me ha hablado, nos ha hablado siempre, a través de sus más disímiles voces, pero nunca escuchamos porque no tiene la forma que creemos, o nos hicieron creer que Dios tenía.

Un día, llorando por ti, abrí mi ventana y grité: ¡Dios, es hora de que me digas por qué, tengo derecho a una explicación al menos!.
Y al momento una maravillosa y extraña mariposa "monarca" apareció revoloteando en mi ventana, muy cerca de mi rostro. Me pareció hermosa, observé, por un instante cómo volaba cerca de mí, luego se dirigió hacia lo alto de un árbol y de allí la perdí. Supongo que prosiguió su largo, tortuoso y peligroso camino hacia el sur, pero eso no le importó para desviarse un momento y consolarme. Eso supongo yo. Hoy digo que ese es el amor verdadero y ese es el único lenguaje que Dios conoce, por eso es el único con el que Él te habla, pero como no parece tener voz ni palabras en el sentido humano, con la soberbia, prepotencia y lógica aplastante humana, nos negamos a escuchar. Y seguimos clamando: ¡Dios, háblame!.

Es que el mundo entero está dentro de ti, pero qué difícil es no dejarse arrastrar por “la realidad” que ves, escuchas, hueles y tocas a través de tus sentidos. La“certeza” de lo concreto nos entrampa.

No obstante, ¿Qué prueba tenemos de ello?.

Deepak Chopra, en El libro de los secretos apunta :

"Hay un mundo material. El mundo material está lleno de objetos, sucesos y personas. Yo soy una de esas personas y no tengo una posición más elevada que las demás.Pero, “Por más convincente que parezca el mundo material -y para vergüenza de la ciencia moderna-, nadie ha podido demostrar que es real...

... cualquier neurólogo puede decirte que el cerebro no ofrece ninguna prueba de que el mundo exterior existe en verdad, y sí muchas de que no existe.Todo lo que el cerebro hace es recibir señales incesantes relacionadas con el equilibrio químico, el consumo de oxígeno y la temperatura del cuerpo. A lo anterior se suma una corriente discontinua de impulsos nerviosos. Esta enorme cantidad de información no procesada tiene su origen en estallidos químicos que producen cargas eléctricas. Éstas viajan en todas direcciones por una intrincada red de finísimas células nerviosas, y una vez que llegan al cerebro (como un corredor que lleva un mensaje a Roma desde los límites del imperio) la corteza las combina y forma un conjunto aún más complejo de señales eléctricas y químicas.La corteza no nos dice nada sobre este procesamiento perpetuo de información, que es lo único que ocurre dentro de la materia gris. Nosotros sólo percibimos el mundo material con todas sus imágenes, sonidos, sabores, olores y texturas.
"


Esto significa, que el mundo, tal y como creemos conocerlo, podría ser un sueño, como decía Calderón de la Barca: “La vida es sueño”.

Pero Chopra es más tajante:

"Cuando estoy dormido y sueño, veo un mundo de sucesos tan vívido como el que veo durante la vigilia (aparte de la vista, mis otros cuatro sentidos están presentes de manera irregular, pero al menos un pequeño porcentaje de personas tiene los cinco: pueden tocar, saborear, escuchar y oler con tanta intensidad como cuando están despiertos). Sin embargo, cuando abro los ojos en la mañana, sé que esos sucesos tan reales fueron producto de mi mente. Nunca he tomado el sueño por realidad porque doy por hecho que los sueños no son reales.¿Mi cerebro tiene un sistema para crear el mundo de los sueños y otro para crear el de la vigilia? No; en términos de función cerebral, el mecanismo de los sueños no se esfuma cuando despierto...

La ubicación de la actividad neuronal cambia ligeramente entre una situación y otra, por lo que puedo distinguir entre un sueño, una foto y el objeto; pero el proceso fundamental siempre es el mismo: estoy creando un árbol, un rostro o el cielo a partir de una maraña de nervios que lanzan estallidos químicos y cargas eléctricas por todo el cuerpo...

Este embarazoso problema -la incapacidad de demostrar la existencia de un mundo exterior- socava la base del materialismo. Es así como llegamos al segundo misterio espiritual: no estás en el mundo; el mundo está en ti.

Para mí, éste no es un problema sino la esencia de la espiritualidad. Todos somos creadores. El misterio de cómo se combinan todos estos puntos de vista individuales -de modo que tu mundo y el mío armonicen- es lo que lleva a las personas a buscar respuestas espirituales. No hay duda de que la realidad está llena de conflictos, pero también de armonía
."

Y esa incesante búsqueda de la armonía la que me lleva a entender que Dios es tan visible como yo lo decida. Soy su cocreador junto a ti y a todos. Lo que me falta ahora es el valor de aceptar esta responsabilidad.

Dios no tiene culpa de nada, yo lo creé, yo puedo cambiarlo. Y retomo la palabra de Chopra:

"Mi intención no es censurar al ego ni responsabilizarlo de que las personas no sean felices, sufran o no encuentren su verdadero yo, a Dios o al alma. Se dice que el ego nos obnubila con sus exigencias, avaricia, egoísmo e inseguridad interminables, lo cual es un punto de vista común pero errado. Lanzarlo a la oscuridad, convertirlo en enemigo, sólo agudiza la división y la fragmentación. Si sólo existe una realidad, debe abarcar todo. Excluir al ego es tan imposible como suprimir el deseo.

La decisión de vivir en aislamiento -algo que las células jamás eligen, excepto las cancerígenas- originó un género especial de mitología. En todas las culturas se habla de una edad de oro enterrada en un oscuro pasado. Este relato de perfección degrada a los seres humanos, quienes creyeron que eran defectuosos por naturaleza, que todos portamos la marca del pecado, que Dios no mira con buenos ojos a estos hijos descarriados. El mito da a una elección la apariencia de designio. La separación cobró vida propia, pero ¿desapareció la posibilidad de la realidad única?Para reconquistar la realidad única debemos aceptar que el mundo está en nosotros. Este secreto espiritual se basa en la naturaleza del cerebro, cuya función es crear el mundo en todo momento...


En este momento, la vida centrada en el ego resulta totalmente convincente, razón por la cual ni todo el dolor y sufrimiento que provoca nos decide a abandonarla. El dolor lastima pero no muestra la salida. El debate sobre cómo terminar la guerra, por ejemplo, ha resultado estéril porque se funda en la idea de que somos individuos aislados; como tales, nos enfrentamos a "ellos", los innumerables individuos que quieren lo mismo que nosotros....
Todos formamos parte del único proyecto trascendente: la creación de la realidad. Defender otros intereses -dinero, propiedades, posición- sólo tendría sentido si fueran esenciales. Pero el mundo material es consecuencia; nada en él es esencial. El único interés personal valioso es la habilidad de crear libremente, con plena conciencia de cómo se crea la realidad.

La realidad única nos ha revelado un valioso secreto: quien crea es más importante que el mundo entero. De hecho, es el mundo. Vale la pena hacer una pausa para asimilarlo. De todas las ideas liberadoras que pueden cambiar la vida de una persona, quizá ésta sea la más poderosa. Pero para llevarla a la práctica" para ser auténticos creadores, debemos liberarnos de múltiples condicionamientos. Nadie nos pidió que creyéramos en un mundo material, pero aprendimos a considerarnos seres limitados. El mundo exterior debe ser mucho más poderoso; él marca la pauta, no nosotros; él está primero y nosotros muy por detrás. El mundo exterior no te proporcionará respuestas espirituales mientras no asumas tu papel de creador de la realidad.

Esto parecerá extraño al principio, pero establecerá un nuevo conjunto de creencias:Todo lo que experimento es un reflejo de mí. Por tanto, no tiene sentido tratar de escapar. No hay a dónde ir, y como creador de mi realidad, no me interesaría huir aun si pudiera.Mi vida es parte de todas las demás. Mi conexión con todos los seres vivientes me impide tener enemigos. No siento necesidad de oponerme, resistirme, vencer o destruir.No necesito controlar nada ni a nadie. Puedo inducir cambios transformando lo único que está bajo mi control: yo"

Así, yo decido, yo elijo, como he elegido amarte. Ojalá ese amor, al menos alguna vez, haya sido una señal de todas tus conversaciones directas con Dios.

Fuente: Deepak Chopra, El libro de los secretos. Tomado de , MENTAT (Escuela de Educación mental) Boletín No.117.

jueves, 7 de diciembre de 2006

ALGUNAS REFLEXIONES ACERCA DEL AUTOCONOCIMIENTO


El autoconocimiento
Es conocer quién eres desde ti mismo, desde tu interior, sin importar lo que te hayan dicho tus padres, tus hermanos y hermanas, tus familiares y amigos, no importa cómo te hayan percibido los otros. Es un contacto contigo mismo que solamente tú sabes y puedes hacer. Esta es una búsqueda diaria durante toda la vida y la clave está en tener mucha paciencia con nosotros mismos.

La identificación (El primer paso)
Tengo un gran cantidad de información que viene de mi pasado. Cada experiencia vivida ha dejado una huella, sea cual sea el precio, la experiencia valió la pena y siempre será perfecta. Lo importante es no quedarse en ello. Estas huellas hacen que yo cree parámetros con los que mido todo lo que está afuera. Me identifico con lo que creo que se parece a mí desde cada uno de esos parámetros. Amo en los otros lo que está en mí, rechazo de los otros lo que está en mí. El mundo es mi reflejo. Una vez que entiendo esto, comienzo a comprender quién soy realmente.

Tu reconocimiento. Aprendiendo a dialogar contigo mismo
Cuando estás pensando, utilizas tu razón, tu lógica, pero dejas fuera tu corazón, tu intuición, a esa nunca la escuchas y, si por casualidad ella despierta, a través de una presentimiento, una corazonada, inmediatamente la desechas, porque no estás de acuerdo con lo que estás pensando en el momento, desde tu personalidad, que es esa parte tuya que responde a tus cinco sentidos.
Buscando entre tus fantasías, tus sueños, tus deseos, esperanzas y temores irás encontrando la manera de unir tu mente con tu corazón, sin que ninguno de los dos tenga que silenciar al otro. Somos emociones, sentimientos y pensamientos. Reconócelos, vívelos, siéntelos en conciencia y, en ese momento, estarás dialogando contigo mismo.

“Las lógicas y las comprensiones de la personalidad dotada de cinco sentidos se originan en la mente. Son producto del intelecto. Aquel orden lógico y aquella comprensión más elevados que es capaz de reflejar el alma con un sentido más pleno proceden del corazón. Por tanto, la creación de este orden lógico y de esta comprensión más elevados precisan de una estrecha atención a los sentimientos... Cuando cerramos la puerta a los sentimientos, le estamos dando un portazo también a las corrientes vitales que proporcionan energía y activan nuestros pensamientos y nuestras acciones...Sin tener un conocimiento de nuestras emociones somos incapaces de asociar los efectos, la cólera, la tristeza, la pena y la alegría –en nosotros mismos o en los demás- con las causas que las provocan. No somos capaces de distinguir la parte de nosotros que es personalidad de aquella que es alma” (Gary Zukav. El Lugar del alma).

El desarrollo de la conciencia.
Quién soy, de donde vengo y por qué estoy aquí

Comúnmente, llamamos conciencia al estar “aquí”, literalmente abrir los ojos, respondiendo a los estímulos de nuestros sentidos y a las necesidades de nuestra personalidad. Confundimos la conciencia con la concreción de este mundo. Para la mayoría de las personas estar concientes es actuar desde el pensamiento concreto: pero, desde lo más profundo de nosotros, salta una “voz”, que no entendemos, al principio muy baja, irreconocible, fugaz, pero una vez que la reconocemos, se hará cada vez más fuerte hasta que ya no necesitemos comprobar dónde está, porque siempre estará presente. A esto llamamos conciencia, en ella reside nuestro poder de discernimiento y de elección, pues la vida es eso, un constante elegir.

Para desarrollar nuestra conciencia debemos empezar por reconocer sus tres niveles:

La conciencia racional-------- Estar aquí ------- Pensamiento concreto

El subconsciente es el resultado de todo los recuerdos bloqueados de experiencias vividas. Marcan la inmensa mayoría de nuestras reacciones y afloran en lo que se conoce como estados alterados de conciencia, motorizados por las emociones y los sentimientos. Éstos son la corriente energética, a través de la cual activamos nuestras acciones. Generalmente, cuando tomamos en cuenta este nivel, lo primero que notamos es que lo que hicimos y dijimos no tiene explicación lógica para nosotros, pero tiene un profundo significado existencial. Eso lo sabemos, aunque la lógica no pueda contestar a ningún por qué.

La supraconciencia responde a todo lo real que va más allá de esta realidad. Para la supraconciencia todo es y nada es. Es el despertar en nosotros de la conciencia cósmica, donde nos reconocemos como una parte de ese todo. A través de la supraconciencia la parte vuelve al todo. Esta es nuestra certeza de lo infinito aún dentro de las limitaciones de lo finito en este plano de la realidad. Las cosas dejan de ser buenas o malas, simplemente son.

Mientras la conciencia racional limita, mediante los patrones de conducta aprendidos, la supraconciencia, manifestada a través del amor universal, nos hace ilimitados.


La mente superior y el espíritu
El desarrollo de la conciencia en sus tres niveles permite que sea nuestro espíritu nuestra esencia, quien se manifieste.

Alma y espíritu
El alma es sustancia del espíritu, es esa parte que necesita vivir experiencias para iluminarse y evolucionar.
El espíritu es la esencia, la chispa divina en cada uno de nosotros. El espíritu es lo que realmente somos, aunque no lo recordemos. Por ello, es importante entender que todo, absolutamente todo, lo que hemos buscado ansiosamente afuera siempre lo hemos tenido dentro.

domingo, 3 de diciembre de 2006

CONOCIÉNDOME EN UN DÍA DE ELECCIONES

Este domingo 3 de diciembre se realizó el proceso de elecciones presidenciales en Venezuela. Esa tarde, estuve observando un grupo de mujeres que estaban discutiendo acerca de la posibilidad de fraude.
La discusión se enardecía cada vez más, porque había que defender la democracia. Las mujeres estaban reunidas en torno al sofá donde dormía un bebé de un año, hijo de una de ellas y sobrino de las demás.
_ Hay que defender nuestro voto- dijo una de ellas, quien subía de tono cada vez más, mientras, el bebé dormía.

Hablaban de respeto, de libertad, de democracia, de derecho, y mientras, ninguna de ellas respetaba el sueño del bebé, un niño de su propia sangre.

Observando aquel triste cuadro –triste para mí, aclaro aquí- me preguntaba: ¿Es que no se han dado cuenta?. ¿Acaso no observan lo que hacen?.

Recordé entonces las palabras de Jesús, el Maestro: “Con la vara que midas serás medido”. En ese momento creí haberlas entendido. Aquellas mujeres hablaban de cosas que no practicaban en lo más mínimo. ¿Cómo puedo hablar de derecho, si no soy capaz de reconocer el derecho de un niño a dormir en paz, con el agravante de que ese niño es de mi propia sangre?.

Mi pregunta era: ¿Son capaces de respetar los derechos de todo un país?. Comprendí por qué en mi país, la democracia, hasta ahora, ha sido una parodia, donde ha habido tantos desposeídos y atropellados, en aras de un sistema que no termina de alcanzar la equidad. Y es comprensible, pues al parecer la gente vota por un interés muy particular, egocentrismo, podríamos decir y por ello, se instauran reinados de cinco o seis años. Es más fácil culpar a uno cuando las cosas no salen bien a tomar conciencia de que es mi propia actitud, mi manera de llevar y ver la vida, lo que se refleja en el tipo de gobierno que elijo. Sabias palabras aquellas que rezaban: “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.
Mientras las personas no hagan conciencia de ello -pero no en teoría, como lo presencié yo esa tarde- que lo manifiesten en cada gesto, en cada acción, en cada proceder de su cotidianidad, no habrá cambios.

Intenté explicar algo de esto a aquellas mujeres y sólo logré que se enojaran, se sintieron agredidas y, de paso, me tomaron como una excéntrica. Sólo una de ellas admitió su responsabilidad. Se acercó y me dijo:

-Tienes razón, el niño estaba durmiendo y ni siquiera lo notamos. Estábamos tan absorbidas en nuestra discusión política, calculando el cómo defender nuestros votos, que se nos olvidó el bebé. Lo siento-

Yo, sólo le contesté: Bien, obsérvense y analicen por qué ocurren las cosas que ocurren. ¿Quieres respeto?, entonces respeta hasta el aire que llega a tu ventana. ¿Quieres libertad?, entonces sé libre y deja en libertad a los demás. ¿Quieres democracia?, aprende a vivir en comunidad, en armonía, aprende a compartir, aún con el que es totalmente contrario a ti.

Lamentablemente, eso no es lo que está sucediendo. Unos meses antes de estas elecciones, escuché a una señora discutiendo fuertemente en una asamblea de empleados jubilados de unas las empresas Petróleos de Venezuela (PDVESA). Ella decía:

-A mí lo único que me interesa es que me solucionen mi problema, lo demás no me interesa.

He escuchado expresiones como esta a lo largo y ancho de este país:
“No me den, pónganme donde hay”, la famosa frase estandarte de la corrupción burocrática venezolana.
“Estoy con tal o cual partido porque me va a dar trabajo”, aunque no califique, ni siquiera tenga el perfil ni los estudios que se requieran para el cargo a ocupar. ¿Talento?, eso no importa si estás recomendado por el partido de turno.
Y así podría llenar páginas enteras en las que te consigues con un país sin memoria, que no desea recordar, envuelto en corruptela a todos los niveles, tan sólo porque no hay conciencia de nación, no hay conciencia de comunidad, no hay responsabilidad asumida. Es una masa asustada, dependiente y muy vulnerable, sin cohesión de ningún tipo.

Para ejemplo, creo que la historia que voy a contarte a continuación puede ilustrar un poco a lo que me refiero.

Una señora solía barrer todos los días la acera de su casa, pero, en vez de recoger la basura y terminar de barrer el trozo de acera de su vecino, amontonaba la basura en el lado del vecino, en cuya dirección el viento soplaba. Por supuesto, su acera estaba limpia y la de su vecino terminaba siendo un botadero. Un día, por alguna razón, el viento cambió de dirección. Toda la basura que había dejado amontonada fue a parar a su puerta.

La mujer, enfurecida, tocó a la puerta del vecino, le insultó y le amenazó con llamar a la policía si no limpiaba su acera. El hombre, con toda calma, escuchó, y cuando la mujer terminó de gritar y vociferar él se limitó a contestar:

-Señora, esa basura es suya, fue la que usted no recogió esta mañana. ¿Sabe por qué ocurrió esto?, porque a mí no me dio tiempo recogerla como lo hago todos los días. Yo nunca le dije nada ni reclamé por el basurero que usted deja a mi puerta desde hace más de dos años.
Además, permítame recordarle que, cuando usted se fue de viaje, yo barrí su acera durante un mes y regué sus plantas, y usted no reclamó por ello.

La mujer le miró y repuso:

-Eso es asunto suyo, yo no se lo pedí. Lo único que quiero es que limpie mi acera ahora mismo-

Dio la espalda y se retiró.

El hombre, entonces, atinó a gritarle:

-¡No lo hice por usted, lo hice por las plantas!.

Ojalá este pequeño relato te ilustre un poco lo que quiero decirte.

Es que si no nos observamos y actuamos conjuntamente, jamás podremos lograr paz, ni armonía, ni equilibrio, ni respeto, ni libertad, ni democracia, ni progreso.

Por eso sé que gane quien gane estas elecciones, será muy poco lo que cambie. Pues no se trata de cambiar un hombre, un color, un partido. Se trata de cambiar la mentalidad de todo un pueblo que no se conoce a sí mismo, que ni siquiera acepta el hecho de que continúa manteniendo una mentalidad caudillista, con un arraigado culto a la personalidad y un ancestral culto a lo monárquico, al nepotismo y a una serie de modelos que nada tienen que ver con una verdadera democracia.

Si le preguntas a cualquier venezolano, de seguro te dirá que Venezuela es un país profundamente democrático, "con defectos" pero en democracia. Y yo me despido ahora con las palabras de "Il Gatopardo": "Cambia para que nada cambie".

miércoles, 22 de noviembre de 2006

DESCUBRE QUIÉN ERES Y YA NO TEMERÁS

Entré al salón de clases y me encontré conque las chicas y chicos allí, tenían edades entre los 19 y 22 años. Me agradó el hecho de que, pese a ser una escuela secundaria, no se les exigía uniforme, como si estuviesen en la universidad.

El desorden era mayúsculo y, desde le primer momento, me hicieron sentir que ese sería el mayor reto de mi vida, como profesora de literatura. Al ver la actitud del grupo, comencé a sentirme incómoda. Hablaban entre sí, hablaban por teléfono, una que otra chica se entretenía pintándose las uñas. Por mi parte, la inseguridad creció hasta el techo. No llevaba ningún material preparado y, mientras más les comentaba acerca de la materia, parecían menos convencidos de estar allí. Para colmos, había olvidado el libro de texto asignado.

Comenzaron a levantarse, a ir y venir, dentro y fuera del salón de clases, mientras yo, fui perdiendo el control. Alcé la voz varias veces, me molesté y estuve a punto de tomar mis pertenencias y marcharme.Algo me detuvo, no sé qué, ero algo me hacía quedarme en aquel pequeño ¿infierno?.Una de las chicas (el colaborador interesado o el adulador aprovechador que nunca falta) intentaba ayudarme, pero cuando comprendió que conmigo era diferente, dejó de insistir. Por si fuera poco, escuché a dos de los estudiantes cuchicheando a mis espaldas:

--¡Ey!, de verdad, no sé por qué le hicieron eso, imagínate le dieron el peor de todos los cursos-
Y continuó diciendo:
--No me gustaría estar en sus zapatos-.

Yo exclamé dentro de mí:
--¡Por dios!, se está refiriendo a ellos mismos como "el peor curso"...Torpemente, decidí realizar un examen, algo que no tenía planeado, en fin, no sabía ni qué preguntar. Lo peor es que ellos lo notaron inmediatamente.
--Primera pregunta, anoten, por favor… Y me detuve, dudé y repetí:
--Primera pregunta…
Alguien dijo, en tono irónico:

--Primera pregunta… y no tiene ni idea de qué preguntarnos.
Escuché el comentario y disparé:
--Realice un comentario acerca de una obra venezolana y su autor. Extensión: mínimo 10 líneas, máximo 25.

Todos me miraron, como diciéndose: -¡está loca!, eso no está en el libro-. Yo acoté:
--Quiero saber qué piensan ustedes acerca de lo que han leído, no me interesa lo que le hayan dicho los demás, no quiero a los “expertos”, quiero a los lectores, a los que comparten experiencias, ideas y sueños con alguien desconocido y, a la vez, tan íntimamente conocido.
Habían colocado música, cosa que me pareció extraña, pero muy agradable. Pensé: ¡Qué bien!, un método experimental en el proceso aprendizaje-enseñanza. Mas, llegó un momento en el que la música dejó de ser adecuada para tal menester.

Entre las chicas, encontré una que se apiadó de mí y trató de ayudarme, buscando la manera de eliminar el hilo musical, al menos bajarle volumen. No fue posible.
Mi exasperación crecía y el desinterés entre ellos por escuchar lo que yo tenía para decirles también. El caos parecía inminente. Respiré y me dije: -Espera, tú sabes quién eres, así que tú puedes hacerlo-.

En ese mismo momento, desperté. Había tenido uno de esos sueños que llamamos “pesadilla”. Gracias a ella comprendí un poco mejor todo cuanto había leído y escuchado acerca de una vieja lección: “Descubre quién eres y ya no temerás
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NUESTROS MIEDOS

En una entrega anterior, (http://crecer-y-renacer.nuestra/historia personal.blogspot.com) estuvimos comentado nuestro miedo ante la separación.

Al nacer, nos separamos de mamá, de un lugar confortable, a una temperatura constante de 37 grados y agradablemente oscuro, debemos enfrentarnos a un medio frío, seco, con una luz cegadora y mucho ruido a nuestro alrededor.

Nos falta el oxígeno, los pulmones deben inflarse automáticamente y debemos comenzar a respirar solos. Ya somos independientes y nuestra vida, ahora, depende de que nuestros sistemas y mecanismos de supervivencia se activen correctamente.

Precisamente, uno de estos mecanismos es el hambre, nunca antes sentida porque mamá, a través de la placenta se encargaba de tener listas todas las provisiones. Pero comenzamos a movernos, a respirar y nuestro cuerpo aumenta considerablemente el consumo de energía. Sentimos hambre, aparecen los dolores estomacales, como un mecanismo de demanda de alimento.

La sensación es realmente desagradable y, el cuerpo activa entonces su sistema de almacenaje, desarrollando, a lo largo de nuestro primer año de vida el tejido adiposo, donde guarda todas las reservas posibles.

Este mecanismo es el que después, queremos reprogramar a través de la imposición, la incomprensión y la tortura, haciendo cuanta dieta encontramos por allí, tomando medicamentos y componentes químicos para obligar a que este mecanismo abra sus compuertas y libere todas las reservas acumuladas.

Déjame decirte que, si escucharas verdaderamente dentro de ti, oirías cuánto sufre tu cuerpo, tu fiel servidor, ante las acciones torturantes que llevas a cabo para obligarlo a perder sus reservas. Es como si alguien te obligase a entregar todas tus provisiones de agua y luego te dejase a merced de las arenas del desierto, sin conocerlo bien, sin saber cómo encontrar nuevos abastecimientos. Creo que la mayoría de nosotros sentiríamos pánico, ¿y tú?. Pues, él siente algo parecido y por eso enciende todas sus alarmas que, por supuesto, tú te niegas a escuchar por miedo. Te arriesgas y arriesgas tu propia vida por seguir los patrones de belleza de un alguien, porque están de moda. Todo por miedo a ser rechazado. ¿Te das cuenta de ello?.

Tu miedo nace de mirar y buscar afuera, de compararte y comparar a los demás con parámetros que aprendiste también fuera de ti. En la medida de que las exigencias de tu entorno sean más elevadas, en tal o cual aspecto, más crecerá tu miedo.

No miras sobre lo que es bueno para ti, sino lo que es bueno para los demás, aunque todo tu ser te grite constantemente que eso “bueno” te está haciendo daño, porque a ti no te funciona. Lo malo es que si rompes el esquema, te sentirás en el aire, posiblemente nadie te entienda, nadie te acepte como eres, pues tu vida ha estado llena de innumerables “no”. Los que te dijo tu mamá, los que te repitieron tus maestros en tus años escolares, los que recibiste de tus amigos cuando no te plegaste a las decisiones de tu círculo de amigos o del líder del grupo de compañeros de clase.

El temor a sentirte solo, aislado, rechazado, raro o idiota, te hace ceder. Para este entonces, estás a punto de dejar la adolescencia y convertirte en adulto. Las responsabilidades crecen y con ellas las angustias, las soledades y los miedos. Las puertas del hogar de tus padres se abren, y te empujan a la selva de afuera.

Allí, deberás luchar y enfrentarte a todos y contra todo. Ahora debes demostrar que eres el más listo y el más apto de la selva. Para ello, debes atacar primero y mantenerte a la defensiva.

No importa qué o a quién te lleves por delante, debes triunfar. Y un día, lo logras. Pero, sientes que estás más solo que nunca. Dentro de tu corazón, muy bajito, comienzas a escuchar tu propia voz diciéndote: ¿Valió la pena tanto esfuerzo para estar tan solo?
Tu primera impresión ante cualquiera que se te acerque es de desconfianza, y si eres tú quien se acerca a otro, será para ver qué le arrebatas. Le impones condiciones a todas tus relaciones, incluyendo la de pareja, por supuesto. Así, las heridas van y vienen en tu vida. Hasta llega un momento en el que te preguntas por qué insistes. Y te das cuenta que una energía natural en ti te empuja a ello: el amor es parte de tu naturaleza.

No he encontrado, a lo largo de los siglos, - en las culturas occidentales y en las orientales- un concepto, un sentimiento, una razón o como desees llamarle, al que se le haya dedicado tanto tiempo, tantas palabras, tantos poemas y relatos, tantas composiciones musicales como al amor. Parece ser el tema predilecto de todo cuanto producimos para el disfrute y manifestación del alma, llámese arte pictórico, arquitectónico, musical, literario, publicitario, sea antiguo, moderno, contemporáneo o posmoderno.

Llega un instante en tu vida, en el que te detienes, pues estás cansado de golpear, de pelear, de manipular, de acusar y de juzgar. Y empiezas a vislumbrar que, tal vez, las cosas no hayan sido como las viste. Tal vez los culpables de todas tus heridas y sufrimientos no fueron los otros. Te preguntas, entonces: ¿Será que nunca nadie me ha hecho nada?.

Al llegar a este punto de tu vida, reflexionas acerca de todas tus relaciones y, sorprendentemente, descubres que loa sufrimientos y momentos difíciles vividos por ti, no pudieron causártelos nadie que esté fuera de ti.

Empiezas a observar a tu alrededor y te das cuenta que los otros han estado tan asustados y tan a la defensiva como tú. Sólo son personas angustiadas, estresadas y con grandes temores, como tú.

Este descubrimiento te hace más compresivo, tolerante y paciente contigo mismo y con los demás. Este descubrimiento te permite, por fin, recibir toda la luz del sol en tu corazón. Y aquí comienza tu viaje consciente hacia ti mismo, reconociendo, poco a poco quién eres y, por supuesto, dejando de temer.
1. Ilustración de Corbis.com
2. Foto: publicada en 20minutos.es. Montaje: Laura Morales

domingo, 19 de noviembre de 2006

LO QUE EL MIEDO ES CAPAZ DE HACER

Como nuestra mayor fuerza creadora, el miedo, al igual que el amor, mueve montañas. Sólo que, en vez de construir, destruye.

Hace poco tiempo, Rina recibió tres inivitaciones a la celebración del aniversario artístico de un cantante muy conocido. Tenía una entrada para ella, una para su hijo y, dado que tenía una extra, decidió invitar a su amiga Victoria, quien había trabajado como vocalista en una orquesta de ritmos bailables durante mucho tiempo.

Victoria, había pasado mucho tiempo alejada de ese medio, pues, luego de su matrimonio y su primer embarazo, había dejado de cantar, algo que adoraba hacer, pero también amaba a su esposo y quería tener una familia.

Conocía a todos, pero recordando lo duramente competitivo que es el medio farandulero se preguntaba: "¿Me recordarán?..." Había pasado mucho tiempo y su gran temor parecía ser, más bien, que la reconocieran y le preguntaran qué estaba haciendo. Después de su divorcio, había estado trabajando en diversas ocupaciones y para ese momento, se dedicaba, con su camoineta, a llevar y traer niños a la escuela. Era un transporte escolar particular.

Posiblemente, esta tarea tan digna y hermosa, tal vez se le hacía muy poco, al lado de subir y bajar de un escenario, seguida del aplauso de la gente.

Cuando Rina la llamó para invitarla, Victoria inventó varias excusas, como el funeral de un vecino, después acotó, que no podría dejar sola a su mamá y así, se pasó horas inventando justificaciones.

Después de mucho discuitr y buscar soluciones a cada excusa que Victoria le presentaba, Rina le preguntó:
-- ¿Qué te pasa?, ¿A qué le tienes miedo?--

A lo que Victoria contestó:

--No claro que no, ¿por qué tendría que tener miedo?

--Y entonces, ¿por qué no quieres ir?

Ante la concluyente pregunta de Rina, Victoria, que no se atrevía, ni siquiera a aceptar su miedo, no le quedó más remedio que acceder:

-Está bien, yo voy con ustedes, pasen por mí.--

Llegó el día del evento. Cuando Rina pasó por Victoria, inmediatamente notó lo incómoda que estaba. Comenzaron a hablar, pero sentía que, mientras se acercaban al teatro donde se realizaría la celebración, la tensión de Victoria iba en ascenso. Rina ya no sabía qué decir y Victoria ya no sabía cómo disimular su temor. Estaba, cada vez, más nerviosa. Al llegar al estacionamiento y bajar del vehículo, Victoria trató de sonreir, pero en su rostro se veía su angustia, según Rina, estaba a punto de entrar en pánico. La trayectoria desde el estacionamiento a la entrada del teatro, pareció la caminata del sentenciado hacia el paredón de fusilamiento.

Cuando se acercaron, se percataron que todo estaba a oscuras. Preguntaron al portero y éste, asombrado, respondió:

--Señora, aunque usted no lo crea, porque yo tampoco, estalló todo el sistema eléctrico del Teatro. No entendemos qué pasó, pues hasta esta tarde se estuvo probando el equipo de sonido y todo funcionaba perfectamente. Lo único que le puedo decir es que ese hombre -refiriéndose al homenajeado- "está salao".

Victoria respiró profundamente, posiblemente por primera vez en dos días, desde que recibió la invitación de Rina. La celebración se canceló indefinidamente y Rina, en silencio, muy bajito dentro de sí, exclamó:

--¡Lo que hace el miedo!.

Como este, he escuchado miles de ejemplos. Me contaron la historia de una mujer que amaba profundamente a sus hijos, era una madre ejemplar. Su vida eran sus hijos. Una tarde, meintras ella estaba cocinando y sus hijos jugando a su alrededor, el horno estalló y comenzó a despedir llamaradas. Ella, que había recibido el fogonazo en la cara, salió corriendo fuera de la casa, olvidándándose de que sus tres niños habían quedado adentro. Afortunadamente, el mayor de los niños, de 9 años, tomó a sus otros dos hermanitos y los condujo hasta la salida.

El accidente no pasó de una cocina quemada, así como las pestañas y las cejas de la mujer. Los niños resultaron ilesos, pero la mujer jamás olvidó cómo el miedo la había hecho "fallar como madre".

Cuando me preguntaron qué opinaba acerca de esto, yo me limité a responder:

--Esa mujer debe ser más condescendiente con ella misma, entender su miedo y perdonarse a sí misma, de lo contrario, el amor por sus hijos, entonces, no será real.

También leí, hace ya muchos años, la historia de una mujer que tuvo un accidente automovilístico. Iba con su pequeña hija. Cuando volcó su automóvil, ella logró salir, pero su hija estaba atrapada. Era una simple mujer de mediana estatura, pero el llanto de su hija hizo que ella arrancase la puerta atorada, como sólo hubiese podido hacerlo un Hércules.

Ante este hecho, yo te pregunto a ti: ¿Qué actuó en ella?, ¿la fuerza del miedo o la del amor?...
Sólo observa los resultados y la diferencia entre ellos.

Foto: publicada en 20minutos.es

jueves, 16 de noviembre de 2006

El Cielo en la Tierra

Aunque te parezca mentira, es posible vivir el cielo en la tierra. Sólo detente un momento a pensar. Como te dije en mi entrega anterior, Autoconocimiento, todo depende de tus pensamientos, de si actúas y o reaccionas, sólo tú eliges. ¿De qué se trata todo esto?, pues yo diría que de romper tus paradigmas. Te explicaré lo que entiendo por paradigma.

En este caso, un paradigma es una estructura mental, algo que aprendiste afuera, y tú lo repites y lo repites, exactamente como te dijeron. De tanto repetir la misma acción o el mismo pensamiento, se te olvidó lo que lo originó, tal vez nunca te lo dijeron, quizás te conformaste con un "eso siempre se ha hecho así", ¿reconoces la frase?, ¿te suena conocida?.

Busquemos un ejemplo de lo que yo manejo como paradigma. Para ello, te contaré la historia de los spaguettis de mi mamá.

En mi familia, la pasta es un plato muy apreciado. Mi madre pasó años preparando los spaguettis de la misma forma siempre, con salsa de tomate y queso madurado (en Maracaibo se llama "queso de año, un queso duro, blanco, madurado máximo durante un año). Pero no es como en Italia, no se sirve la salsa sobre la pasta, sino que se mezcla todo antes de servir y, al momento de llegar a la mesa, cada quien le coloca más o menos queso, siempre el mismo tipo de queso rallado.

Pasaron los años y yo había andado rodando por el mundo. Me fui de la ciudad por más de diez años, cuando regresé me tocó volver a vivir en casa de mi madre. Ya era una anciana, así que cocinaba esporádicamente. Cuando me quedé sin empleo, me hice cargo de la cocina, pero fue una gran lucha para que ella aceptase que los spaguettis no sólo se comen con salsa de tomate y queso de año.

Un día, se me ocurrió hacer unos spaguettis con una salsa a base de yogourt, albahaca y queso mozzarella. Cuando los serví, ella miró el plato, frunció la frente y no dijo nada pero no los comió.

Al terminar de almorzar le pregunté:

-¿Qué pasó?, ¿no te gustaron mis spaguettis?

Ella, simplemente respondió:

- Es que eso no se come así, esas son locuras tuyas. Los spaguettis se comen con salsa de tomate y queso de año rallado.

-Pero mamá, es solamente una forma distinta. ¿Quién te dijo que los spaguettis solamente se comen con salsa de tomate y queso de año rallado?

- Eso se ha comido toda la vida así, es que así es como son buenos.

Esta manera de comer spaguettis se debía a razones económicas. Maracaibo es una ciudad aledaña a una de las zonas productoras de leche y queso más importantes del país. Aquí se produce en abundancia el tipo de queso llamado "de año", mientras que el tomate venía de otras zonas del país, por consiguiente era más costoso. De tal manera que, para hacer rendir la salsa empleando menos tomates se mezclaba la pasta con la salsa antes de servirla.

El asunto de los tomates y la pasta tiene que ver con una antigua resistencia cultural. Esta ciudad, aislada por muchos años del resto del país, adquirió matices muy propios, muy regionales, y por si fuera poco, fue uno de los puertos más importantes del país, por donde se importaba todo tipo de mercancía.

Ello le permitía adoptar modas foráneas, así que, siendo una colonia española, a manera de protesta, comenzaron a adoptar muchas costumbres, tradiciones y usanzas de otros países, como Italia, Portugal y Holanda, entre otros. Con la Primera y Segunda Guerra Mundial vino la gran ola migratoria de europeos a este país, entre ellos mcuhos italianos. Así llegó a esta ciudad la pasta con salsa de tomate, los nombres como Laura, Alfredo, Claudio, la devoción de los santos como "San Felipe Neri" y paremos de contar.

Como habrás podido observar, parece más fácil decirte, "eso siempre se ha hecho así" que contarte el origen de cada una de las enseñanzas que te dan. Pero, cuando descubres esto, cuando apenas husmeas un poquito más allá de esa frase: "eso siempre se ha hecho así", "mi mamá lo hizo siempre igual", te das cuenta que todo puede ser cambiado y no hay nada que temer. A partir de allí habrás roto los paradigmas, digamos que adquirirás plena conciencia y responsabilidad acerca de lo que haces, dices y piensas. Te darás cuenta que todo lo que te enseñaron responde a unas circunstancias y las circunstancias jamás se detienen, no son estáticas, cambian constantemente, no son eternas, no son "siempre" ni son para siempre.

LLegado a este punto quiero insistirte en que tú y sólo tú eres el creador de tu realidad. Si aceptas esto, entonces te será muy fácil comprender y actuar desde la perspectiva de "yo lo elegí, yo puedo cambiarlo".

Acostumbrar a nuestra mente racional a estos cambios, definitivamente no es fácil, pero no imposible.

¿Cómo empezar?
aprendiendo a hacer silencio con nosotros mismos.
¿Cómo se hace?
aprendiendo, primeramente a estar contigo.
¿Cómo lo logras?
Empleando las técnicas de meditación. Esto parece complicado, tonto y absurdo. Yo te digo que no lo es, créeme.

Meditar sólo significa acostumbrar a tu mente a detenerse, aunque sea por un segundo, en un solo pensamiento. Tu me dirás: ¿Eso es todo?, y yo te contestaré que, como verás, es muy sencillo y económico. Lo complicado es que estamos acostumbrados a tener y mantener miles de pensamientos al mismo tiempo en nuestra mente. Tengo un amigo que la llama "la loca de la casa". Así que es cuestión de disciplina y constancia.

Una vez que aprendas a mantenerte en estado meditativo, un buen día, casi sin darte cuenta, descubrirás que no pensaste en nada. Por un brevísimo instante todo pensamiento desapareció. ¡Albricias!, alégrate, porque habrás logrado hacer silencio y te habrás conectado con lo más profundo de tu Ser. Entonces, experimentarás estas palabras: "No hay nada afuera, no hay nada que temer, no estoy solo, nunca lo he estado. Soy parte de todo y todo es parte de mí".

Creando con frecuencia estos estados en ti, te irás observando cada vez más. Primero, notarás cosas que antes no tenías ni idea que estaban allí (tanto dentro de ti como en tu entorno). Luego, irás aprendiendo a reconocer tus reacciones y, llegado a este punto, estarás listo para empezar a actuar y dejar de reaccionar. A partir de allí, podrás romper todo paradigma que te impida avanzar en tu vida, en cualquier aspecto que te propongas cambiar, mejorar, enriquecer, denomínalo como mejor te parezca. Habrás traído el cielo a la tierra.

TODO ESTO SUENA MUY BIEN LAURA
PERO... ¿CÓMO EMPEZAR?

Tú tienes todas las herramientas, tienes tu mente, tus pensamientos, tu imaginación, tus sentimientos y tus emociones. Nada está fuera de ti.
Muy bien, para poner en orden estas herramientas y aprender a usarlas en el momento y la circusntancia precisa, debemos experimentar con cada una de ellas, poco a poco, aprovechando cada situación que se presente en el día a día. Eso sí, no te descuides, aprende a estar atento hasta en sueños, proponte todas las noches a recordar tus sueños, dícelo a tu mente varias veces antes de dormir, repítetelo cada vez que veas o sientas algo, durante el día, que te conecte con la idea de haber soñado algo parecido, o de tener la sensación de haberlo visto o vivido antes. Al final, ella obedecerá tus deseos.

Mantente atento cuando cepilles tus dientes, cuando te bañes, cuando camines, trata de mantener tu mente atenta y fija en lo que haces. Esto supone desconectar todos tus automáticos. Por ejemplo, ¿sabes cuántos pasos hay de tu cama a tu ventana?. Posiblemente me dirás que no, a lo mejor tu cama lleva años pegada a tu ventana y sólo ahora, haciéndote esta pregunta, has tomado conciencia de ello. Es muy probable que lleves años caminando de tu cama a la ventana en forma totalmente automática. ¿Me explico?.

Simplemente piensa en lo que estás haciendo, no importa lo que sea, pues aún cuando estés tumbado en tu cama, estás haciendo algo porque estás funcionando, estás respirando, tal vez estés transpirando o sitiendo algo debajo de tu almohada, o quizás sólo ves sin mirar el techo de tu habitación. Estás allí, por tanto, estás haciendo, porque estás viviendo. ¿Comprendes lo que quiero decirte cuando te pido que desconectes todos tus automáticos?. Cuando lo hagas, te sorprenderá descubrir cuántos has mantenido encendidos durante años.

Hasta ahora hemos hablado de centrate en la atención de tus acciones. Esto no es suficiente y, al principio, no es fácil, pero sé que se logra.

Ah, un detalle que debo subrayarte:

Si en algún momento sientes que esto te angustia, déjalo. Se trata de ayudarte a ser feliz, no de torturarte.
Lo que sí te ruego es que no dejes de intentarlo en otra oportunidad, por favor, permítete insistir contigo con paciencia, mucho afecto, consideración y respeto hacia ti mismo.

Veamos cómo usar tu imaginación

La imaginación es un proceso mental mediante el cual cada palabra se asocia a la imagen que la generó. Bueno, es una forma muy simplista de definir un proceso tan complejo, pero nos funcionará para nuestro propósito aquí. Permíteme decirte aquí que la palabra es un código que sirve para clasificar, organizar y almacenar toda la información en nuestra memoria.

Esa información, inicialmente fue imágenes y esas imágenes conforman el potencial de nuestra imaginación, la cual no tiene límites, porque tú puedes hacer infinitas combinaciones entre ellas y crear cualquier cosa que se te ocurra. Lo único que necesitas es tener almacenado en tu memoria el referente (el objeto en sí), la referencia (que también podemos llamar enlace afectivo, carga semántica o simplemente el significado que tiene para ti) y el contexto (la experiencia previa que hayas tenido con el objeto, bien sea directa o indirectamente, que enmarca tu relación con el objeto dentro de una realidad concreta). Al tener contexto y referencia, la imagen adquiere el sentido que tú decidas darle, de acuerdo a cómo la combines. Esto es imaginar para mí.

¿Cuál es la importancia de la imaginación en todo esto?

Que no tienes límites en crear todo cuanto desees. Lo que hace la imaginación es que te permite visualizar tu vida enmarcada en lo que quieres ser, decir y hacer. Ella, aunada a la inimaginable fuerza de tu deseo, crea tu realidad. Si te atreves a experimentar con esto, pronto descubrirás que sí es posible vivir el cielo en la tierra. ¿Quieres una mayor libertad que esta?, ¿Te la imaginas?, pues es cierto y sólo necesita de tu confianza en ti mismo para operar y manifestarse en tu vida. (Ver Autoconocimiento. Nuestra Historia personal) En una próxima entrega volveremos sobre este punto. Desde ya, te invito a reflexionar acerca de nuestros miedos y la pérdida de la confianza en nosotros mismos y en los demás.

Por ahora, quisiera concluir esta entrega, diciéndote que para comenzar a meditar, necesitarás alguien que te guíe. Te recomiendo meditaciones guiadas. Hoy en día, en el mercado existen miles de opciones en este campo. Se encuentran grabaciones de todo tipo y de todas las corrientas que manejan esta herramienta. Aquí te ofrezco un ejemplo, espero que la disfrutes y te sirva, al menos, como una referencia.

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UN EJEMPLO DE MEDITACIÓN GUIADA

Rutina Previa:

Siéntate, cómodamente, en un lugar donde puedas estar a solas y relajarte. Cierra tus ojos, mantén tu espalda recta y coloca las palamas de tus manos sobre tus muslos, separa las piernas y los pies hasta una distancia prudencial, que no sientas presión en los muslos, procurando estar lo más cómodo y relajado posible. Puedes emplear música suave, incienso, velas aromatizadas, una luz muy suave o totalmente a oscuras. Poco a poco, con la práctica, irás descubriendo lo que es mejor para ti, para alcanzar el estado de relajación que deseas.

Chequea la tensión en todo tu cuerpo, puedes comenzar por tu cabeza, relajando, la cabeza y la cara. Te quedarás asombrado de ver cuán obediente es nuestro cuerpo, cuando le hablamos honesta y amorosamente. Simplemente con repetir: "tu cabeza se relaja", "tu frente, tus ojos, tu nariz, tus pómulos, tu boca se relajan" automáticamente, sentirás que todos tus músculos comienzan a distenderse. Sigue bajando desde tu cabeza hasta tus pies, no te preocupes por el tiempo, sincronízate con tu reloj interno, hasta que aprendas a manejarlo. Cada vez que lo repitas te será más fácil.

Recuerda: Este es un ejercicio de repetición permanente, como quien entrena para los 100 metros planos o ensaya cada uno de los pasos de "El Cascanueces". Sólo debes practicar, concentrarte, tener constancia, paciencia, respeto y mucho afecto para contigo. La práctica te llevará al éxito. Lo bueno de todo esto es que no hay fórmulas, con el tiempo te darás cuenta que siempre es diferente, siempre hallarás algo nuevo, algo que convierte la meditación en una práctica pero no en un corsé de hierro, dentro del cual sólo debes moverte de tal o cual forma, o decir y hacer siempre lo que te indiquen los especialistas, ya lo verás. Esa sorpresa, no puedo contártela, pues solamente podrás descubrirla tú contigo mismo.

La Respiración:

Dirige tu atención hacia la respiración, inhalando en seis tiempos, reteniendo en tres, exhalando en seis tiempos. Esto aquietará tu mente al fijar tu atención en el ritmo respiratorio. Cada vez que venga a ti la avalancha de pensamientos, no te resistas, déjalos pasar y vuelve a concentrarte en tu respiración. Esto te mantendrá relajado sin crearte angustia.

Centra tu atención en el entrecejo

Una vez que hayas conseguido relajarte manteniendo tu ritmo respiratorio, lleva tu atención al entrecejo. Es un punto ubicado en tu frente, en la zona que separa tus cejas. Tócalo, siéntelo, esa es tu pantalla mental, porque es en esta zona donde se proyectan las imágenes desde tu mente.
Coloca tu pantalla mental en negro. A partir de allí, comienza a abrir un punto de luz en su centro.
Primero los ves pequeño y luego haces que crezca y lo expandes, convirtiéndolo en una brillante y poderosa luz blanca. Mira sólo la luz, mírate y siéntete envuelto en ella. Déjate llevar por ella, síguela, cada vez más hacia dentro de ti.......
Tómate tu tiempo.
No pienses en nada y recuerda, cada vez que venga un pensamiento a tu mente, déjalo ir y concéntrate nuevamente en tu respiración.


EL CIELO EN LA TIERRA

Meditación adpatada para los Talleres Crecer y Renacer (*), a partir de las reflexiones tomadas del libro: Los cuatro Acuerdos, de Miguel Ruiz (**)


Escucha y sigue con atención lo que mi voz te dice:

“Quiero que utilices tu imaginación y te veas a ti mismo con una vida nueva en la que no sea necesario justificar tu existencia, en la que seas libre para ser quien realmente eres y quieres ser.

Imagínate que tienes permiso para ser feliz y para disfrutar de verdad de tu vida.

Imagínate que vives libre de conflictos contigo mismo y con los demás.

Imagínate que no tienes miedo de expresar tus sueños.
Sabes qué quieres, cuándo lo quieres y qué no quieres.


Tienes libertad para cambiar tu vida y hacer que sea como tú quieras.
No temes pedir lo que necesitas, decir que sí o que no, o lo que sea o a quien sea.


Imagínate que vives sin miedo a ser juzgado y sin juzgar a los demás.

Deja de llevarte por lo que otros te hayan dicho.
Tú ahora sólo eres responsable de tu opinión. Deja que sean los demás los que asuman su responsabilidad por sus opiniones.


Imagínate que perdonas con facilidad.

Imagínate sin la necesidad de tener razón ni de decirle a nadie que está equivocado.
Te respetas a ti mismo y a los demás. A cambio, ellos te respetan a ti.


Imagínate que amas tu cuerpo, tus emociones tal como son.
Imagínate que vives sin miedo de amar y de no ser correspondido.


Imagínate que vives sin miedo a arriesgarte y a explorar la vida, sin temor a perder nada, sin miedo de estar vivo en el mundo y tampoco de morir.

Sabes que eres perfecto tal como eres.

Recuerda, siempre el amor hace posible la felicidad. Una vez que aprendes a mantenerte en este estado mental sientes que el cielo en la tierra existe de verdad.

La razón por la que te pido que imagines todas estas cosas es porque son absolutamente posibles.... repítetelo en silencio.....
absolutamente posibles.... absolutamente posibles”...

El regreso

"Ahora quiero que regreses toda tu atención a tu entrecejo, concéntrate en tu respiración y mírate en tu pantalla mental. Lentamente, recoge la luz que expandiste, concéntrala en un solo punto, en el centro de tu pantalla mental. Mira cómo cada vez que respiras se hace más pequeña...

Tu pantalla mental está nuevamente en negro.

Suavemente, mueve tus pies y tus manos y hazte conciente de tu aquí y ahora.
Cuando estés listo, abre tus ojos y regresa a este lugar"

Notas al pie:
(*) Crecer y Renacer es un programa completo de talleres de crecimiento personal y mejoramiento profesional, de los cuales fui cocreadora y he sido facilitadora por más de siete años.
(**) En este libro, el Dr. Ruiz recopila los principios de la poderosa sabiduría de los maestros naguales.
Fotomontaje 1 y 2: Laura Morales
Foto 3: Cortesía de Eduardo Ocando. Modelo: Beatriz de Ocando
Fotomontaje 4: Anabely García. Diseño: Rubia Morales